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CÓMO AYUDA EL ENTRENAMIENTO EN  RELAJACIÓN Y RESPIRACIÓN EN UN PACIENTE CON PROBLEMAS DE ANSIEDAD

Un proceso de gran importancia en la regulación fisiológica y metabólica del organismo es la respiración. Pero existen algunas formas de respiración que pueden empeorarlas, como es la hiperventilación, relacionada directa y estrechamente con la ansiedad.

La hiperventilación es un tipo de respiración rápida y agitada  que provoca un exceso de oxígeno en la sangre y  una bajada drástica de los niveles de dióxido de carbono. Cuando esto ocurre nuestro organismo responde  incrementando las sensaciones de ahogo, opresión en el pecho, calor, mareo, visión borrosa…

Una técnica básica de relajación que ayuda a regular la ansiedad es la práctica de la respiración profunda o diafragmática, con un pequeño esfuerzo muscular, permite aumentar la capacidad pulmonar y así favorecer una buena oxigenación sanguínea, ventilación pulmonar, control consciente sobre la respiración, estimulación de la circulación, masaje en los órganos intestinales y relajación abdominal. Este tipo de respiración recomendada reduce y evita la exagerada activación fisiológica producida por la ansiedad.

Fijando la atención en nuestra respiración favorecemos la relajación y la funcionalidad de la musculatura, disminuyendo contracturas y dolores.

Para el tratamiento de los trastornos de ansiedad y otros desórdenes emocionales es muy eficaz también la relajación muscular progresiva. Basada en aprender a disminuir la tensión muscular por medio de  ejercicios de tensión poco intensos y breves y de relajación más largos. Debemos centrarnos en las sensaciones que producen ambos pasos y así poder identificar la tensión y eliminarla. Relajando músculos de la cabeza a los pies, repasando mentalmente cada una de las partes del cuerpo trabajada e intentando mantener  en la mente solamente pensamientos relajantes.

La práctica tanto de la respiración diafragmática como de la relajación muscular progresiva aporta una serie de beneficios a nuestro organismo: disminuye la ansiedad, estabiliza las funciones cardíaca y respiratoria, mayor velocidad de reflejos, reduce la tensión arterial, mejora la circulación sanguínea, normalización de la respiración, incrementa la capacidad de concentración y de la memoria, aumento  en la capacidad de aprendizaje, armonía de la mente y el cuerpo, mayor capacidad creativa, mejor conocimiento de uno mismo, mejora en la calidad del sueño.

Estas  prácticas que disminuyen la ansiedad deben realizarse de manera regular y no sólo en estados de ansiedad muy elevados.

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