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TRES ERRORES

Antes de acostarse bebió mucha agua para que su vejiga la obligara a levantarse pronto. No podía llegar tarde a ese encuentro, concertado desde hace bastante tiempo y tras una larga preparación.

Aún era de noche cuando Elis salió de su casa. Solo dos farolas colocadas en los extremos iluminaban la plaza del pequeño pueblo. Ese pequeño pueblo donde todos los habitantes sabían lo que había ocurrido, aunque nadie había hecho nada para impedirlo.

Avanzaba con el corazón en un puño. ¿El valor que había reunido para este encuentro se había consumido antes de lo esperado? Ni mucho menos, sabía que el miedo también te hace tomar decisiones valerosas.

Tenía la seguridad de que él no la reconocería, después de todo habían pasado más de veinte años desde que aquel hombre, el cacique del pueblo, denunciara a su madre por poseer poderes de adivinación, ser vidente, por calmar los dolores con imposición de manos, curandera, en resumen, por bruja. Y por ello la encerraron en un manicomio donde terminó sus días sometida, maltratada, rodeada de suciedad y de miseria.

El aciago día que encerraron en el manicomio a la madre de Elis el cacique pretendió también deshacerse de la niña dejándola abandonada en el inmenso y sombrío bosque a merced de las alimañas. La versión oficial fue que, al querer llevarse a la niña de la casa de la bruja, esta se había escapado y no habían conseguido dar con ella por lo que temían que pudiera haber ocurrido la mayor de las desgracias.

El cacique cometió tres errores.

El primer error fue dar por muerta a la niña al abandonarla en el bosque.

El segundo error se forjó en su alma al pensar que sus actos no tendrían consecuencias.

El tercero y más peligroso fue creer que la bruja era la madre de Elis, cuando realmente la adivina, la sanadora, a la que la gente acudía para un pronóstico e incluso un consejo, era la niña. La pequeña Elis era quien tenía el don.

Ahora, muchos años después, Elis había regresado al pueblo haciéndose pasar por la esposa de un alfarero que quería asentarse allí por la fama que tenía la arcilla de esa zona. Como buena esposa, estaba ocupándose de arreglar la vivienda para que cuando llegase su esposo estuviera perfecta.  Aunque hubo curiosos, nadie la reconoció.

En esta tesitura consiguió una cita con el cacique para mostrarle su respeto llevándole un presente de parte de su marido, como muestra de gratitud y humildad.

El cacique avaricioso y lujurioso tenía claro qué regalo quería además del presente que ella llevara, por eso concertó el encuentro antes del amanecer, sin ojos que pudieran ver, ni bocas que pudieran hablar.

Y allí estaban los dos, él con el rostro demudado al comprender quién era ella realmente, y Elis con la tranquilidad que da el veneno de la venganza, hablándole de cómo de ahora en adelante todos los seres sobrenaturales que ella conoce, que hablan con ella, que la visitan, van a ser los fantasmas que a él le perseguirán día y noche sin darle un segundo de tregua. Estos fantasmas le atormentarán de tal manera que la gente del pueblo creerá que está loco y por lo tanto lo encerrarán en un manicomio donde pasará el resto de su larga, larguísima vida entre sufrimiento y podredumbre.

Y así será, porque Elis tiene el poder de hacer que eso sea una realidad.

Realmente el cacique hace veinte años cometió tres errores.

A. Madrid