POETAS OLVIDADOS
Sueña hoy el poeta con versos grandilocuentes
en famosas publicaciones,
con premios o galardones,
y poner su pluma a la sombra del poder.
Pero, ¿dónde está el poeta de antaño?.
Ese espíritu libre que cantaba al amanecer,
nos despertaba del letargo
y sembraba esperanza en los campos yermos.
El revolucionario,
incomprendido siempre por la autoridad,
perseguido por proclamar verdades
y traspasar barrotes carcelarios.
Defensor del obrero, del campesino,
del olvidado y desterrado.
¿Quién gritará ahora las proclamas en las plazas,
bajo las olmas centenarias?.
Pero el grito “no pasarán” se mudó por
“pasarán más de mil años, muchos más…”
La mala costumbre nos hizo pasotas
de tanto ver pasar y pasar
lo que no debió pasar nunca,
pero que volvió a pasar de nuevo.
El político se disfrazó de poeta:
pasea su orgullo y elocuencia
en discursos vacíos y arrogantes
enfrentando a hermanos y vecinos,
creyéndose el pastor de un rebaño fiel y asustadizo
Dar vueltas y vueltas a la noria
atados a la ignorancia y al engaño
mientras se agoniza de sed,
tal es el destino del indiferente resignado.
Enmudecieron al poeta,
silenciaron al profeta.
¿Quién mantendrá la antorcha de la verdad
en medio del caos y de la noche?
Murió el poeta exiliado de su propio país:
Víctor Jara, León Felipe, Bertolt Brecht…
y tantos otros, extraños entre sus vecinos.
Sus palabras eran dardos
que se clavaban en injusticias y abusos de poder.
Sus versos,
chispas que encendían hogueras
para no vivir en la eterna noche del miedo.
Reivindico la poesía que forja el verso
y lo transforma en espada de doble filo,
en estandarte,
en profecía,
en martillo de justicia o campanada de libertad.
El poeta nos invita siempre
a estar despiertos
ante el poder deshumanizador,
admirar la belleza escondida en lo simple,
a detenernos en lo singular, en lo insignificante
y a no pasar nunca de largo.
A escuchar el sonido de los guijarros del camino,
los cantos rodados que cada uno lleva,
los propios pasos que van haciendo vereda nueva.
A mirar con sorpresa
las flores creciendo en la cuneta olvidada,
cuyas semillas colorearán el horizonte
que hoy se hace presente.
Y qué decir de aquellos poetas
que liberaban conciencias amordazadas
por la represión y la vergüenza a ser diferente.
Poemas que aliviaban las espaldas doloridas,
en el duro trabajo soportado,
que curaban heridas abiertas
por el desamor o la intemperie.
¿Qué futuro espera al poeta y sus poemas?
El poeta preguntó al río,
a la montaña:
¿“Se podrá cantar a la vida, al amor, a la libertad, a la justicia,
en estos tiempos sombríos?”.
El eco le respondió:
“Sí, cantaremos y bailaremos también sobre los tiempos sombríos”
Aquellos poetas silenciados,
aquellos versos olvidados.
¡Poetas con heridas abiertas que sangraban poemas!.
Joseant Moreno G.
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