Santa Marta ha celebrado el Día Grande de sus fiestas patronales, una de esas jornadas que cada año trascienden el calendario para convertirse en un punto de encuentro entre la tradición, la fe y el sentimiento de pertenencia a un pueblo. Desde primera hora de la mañana, vecinos, autoridades y numerosos fieles se dieron cita para rendir homenaje a la patrona en una celebración cargada de simbolismo y emoción.
La iglesia parroquial acogió la solemne eucaristía en honor a Santa Marta, presidida por el párroco Mariano Montero. El templo registró un lleno absoluto en una ceremonia marcada por el recogimiento y la reflexión.
Con un tono cercano y cargado de referencias a la actualidad, Mariano Montero destacó durante su homilía la importancia del esfuerzo colectivo como motor de los grandes logros. El párroco puso como ejemplo la reciente conquista del Mundial por parte de la selección española, una victoria que, a su juicio, representa valores como la colaboración, el compromiso y la capacidad de anteponer el bien común a los intereses individuales.
A partir de esa reflexión, enlazó estos principios con la figura de Santa Marta y con la familia de Betania, integrada por Marta, María y Lázaro, un modelo en el que cada miembro aporta sus dones para fortalecer al conjunto.
Montero señaló que la santidad no surge de manera espontánea, sino que se construye desde la constancia, el trabajo y la complementariedad. Del mismo modo, destacó que Santa Marta de Tormes ha sabido crecer y transformarse hasta convertirse en una ciudad con identidad propia, abierta y acogedora, capaz de integrar a personas de distintos lugares y de convertir la cultura en una de sus principales señas de identidad.
Un camino compartido que, según apuntó el párroco, refleja el enorme potencial de un municipio que continúa avanzando gracias al esfuerzo y la implicación de toda su comunidad.
El momento culminante de la celebración llegó con la salida de la imagen de Santa Marta a las calles. La patrona recorrió las principales vías del municipio acompañada por cientos de vecinos que siguieron la procesión con respeto y devoción.
El sonido de las campanas y las marchas interpretadas por la Banda de la Esperanza acompañaron un recorrido cargado de sentimiento, en el que no faltaron las muestras de cariño hacia la santa.
Uno de los instantes más emotivos de la mañana se vivió a la altura de la glorieta de las Parejas, donde Laura Cerrecuela dedicó una sentida saeta a la patrona. Su voz, elevándose entre el silencio de los asistentes, añadió un componente de emoción a una procesión que dejó imágenes para el recuerdo.
La celebración contó además con la participación de la artista, que puso voz a la misa cantada acompañada al piano por Chema Corvo. Ambos ofrecieron una cuidada interpretación que contribuyó a realzar la solemnidad y la emotividad de la eucaristía en honor a Santa Marta.
La jornada concluyó con el tradicional vino de honor ofrecido por el Ayuntamiento en el Paseo Fluvial, un espacio de encuentro en el que vecinos y autoridades compartieron conversaciones, saludos y momentos de convivencia en un ambiente distendido y festivo.
Una vez más, Santa Marta ha demostrado que su Día Grande es mucho más que una celebración religiosa. Es una jornada que une generaciones, fortalece los lazos de comunidad y mantiene vivas unas tradiciones que forman parte de la identidad y de la memoria colectiva del municipio.
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