La mañana de este lunes se detuvo por unos instantes en Santa Marta para rendirse al recuerdo. Bajo el cielo sereno de julio, la glorieta Miguel Ángel Blanco volvió a convertirse en un espacio de memoria compartida, de respeto y de reconocimiento a todas las víctimas del terrorismo. Un lugar donde el silencio habló con más fuerza que las palabras y donde el pasado regresó no para abrir heridas, sino para recordar el valor de quienes defendieron la libertad frente a la barbarie.
El Ayuntamiento de Santa Marta celebró un acto institucional con motivo del aniversario del asesinato del concejal de Ermua, un crimen que conmocionó a España y que marcó para siempre la conciencia colectiva de varias generaciones. Junto al alcalde, David Mingo, participaron los concejales Juan José Santos, Jorge Valiente, Norberto Flores, Jesús Hernández, Juan Carlos Bueno, Florian Alonso, Marta Labrador, Juani Salgado, los concejales del Ayuntamiento de Salamanca, Fernando Rodríguez y Ángel Molina, el alcalde de Carbajosa Pedro Samuel Martin, autoridades civiles y militares, así como representantes de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León, Antonio Fidel.
Fue precisamente junto al monolito que preside la glorieta donde se vivió uno de los momentos más emotivos de la jornada. David Mingo, acompañado por Antonio Fidel Holgado y María Victoria Azcúe, representantes de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León, depositó un ramo de flores como símbolo de recuerdo y gratitud hacia quienes sufrieron la violencia terrorista.
La música puso voz a las emociones que tantas veces resultan difíciles de expresar. La artista Laura Cerdeño interpretó Lucha de gigantes y Solo le pido a Dios, dos canciones convertidas desde hace años en himnos de la dignidad humana frente al sufrimiento y la injusticia. Sus acordes envolvieron el acto en una atmósfera de recogimiento que invitó a la reflexión.
Durante su intervención, el alcalde destacó la importancia de preservar la memoria como un ejercicio de responsabilidad democrática. Recordó que las víctimas del terrorismo representan mucho más que una página de la historia reciente de España. Son nombres, rostros y proyectos de vida que fueron truncados por quienes pretendieron imponer sus ideas mediante la violencia.
Miguel Ángel Blanco ocupó un lugar central en ese recuerdo colectivo. Su secuestro y asesinato en julio de 1997 provocaron una reacción sin precedentes en la sociedad española. Millones de ciudadanos salieron entonces a las calles para decir basta. Fue una respuesta cívica y democrática que trascendió ideologías y territorios y que simbolizó la firme determinación de un país decidido a defender la libertad frente al terror.
Aquel espíritu volvió a estar presente en Santa Marta. No desde la indignación de aquellos días, sino desde la serenidad de quien entiende que la memoria es también una forma de justicia. Una memoria que no busca alimentar el enfrentamiento, sino transmitir a las nuevas generaciones el significado de valores como la convivencia, el respeto y la democracia.
Especial relevancia tuvo el mensaje dirigido a los más jóvenes por parte del edil santamartino. A quienes no vivieron aquellos años marcados por el miedo y para quienes nombres como el de Miguel Ángel Blanco pueden parecer lejanos en el tiempo. El acto sirvió precisamente para tender un puente entre generaciones, para recordar que las libertades de las que hoy disfruta la sociedad española fueron defendidas por personas que pagaron un precio muy alto por ellas.
La escultura que preside la glorieta, obra del artista Amable Diego, volvió a erigirse como un símbolo de ese compromiso permanente con la memoria. No solo recuerda a una víctima concreta, sino que representa a todas aquellas personas que sufrieron la violencia terrorista y a sus familias, que soportaron un dolor difícil de imaginar.
Una ceremonia que el Ayuntamiento pretende consolidar como cita anual
El Ayuntamiento expresó además su voluntad de convertir este homenaje en una cita anual, consolidando un espacio de encuentro institucional y ciudadano en torno a la memoria de las víctimas. Una decisión que refuerza la idea de que recordar no es permanecer anclados en el pasado, sino construir un futuro más consciente de los valores que sostienen la convivencia democrática.
Porque el tiempo transcurre, las generaciones se suceden y los acontecimientos históricos se alejan, pero existen recuerdos que una sociedad no puede permitirse perder. La memoria de las víctimas del terrorismo es uno de ellos y en Santa Marta, volvió a demostrarse que sigue viva en la conciencia de un pueblo que no olvida y que entiende que la libertad, la paz y la democracia son conquistas que merecen ser defendidas cada día.
Amable Diego Arévalo
El artista salmantino y vecino de Santa Marta Amable Diego Arévalo es el autor del monolito dedicado a Miguel Ángel Blanco y a todas las víctimas del terrorismo, una obra concebida como un símbolo de libertad, memoria y compromiso democrático. Inaugurada el 2 de febrero de 2025, la escultura está formada por dos imponentes bloques de granito de 3,80 metros de altura y cerca de un metro de anchura, con un peso conjunto de 19.000 kilogramos. La obra incorpora además retratos en grabado y una paloma de acero inoxidable que corona el conjunto, reforzando su mensaje de paz, recuerdo y esperanza.
Escríbenos