Hay historias que no se escriben sobre el papel, sino que quedan grabadas en la memoria de quienes las viven, como si fueran cantadas por el propio tiempo. Historias que nacen al abrigo de las emociones más puras, donde las miradas se reconocen antes que las palabras y donde cada gesto se convierte en testimonio de lo eterno.
Historias que son relatos y que germinan despacio, en silencio, entre encuentros cotidianos, sueños compartidos y la serena certeza de haber hallado a la persona con la que andar el camino. La de Juan Carlos y María, es una de esas historias, y sus nupcias uno de esos días llamados a permanecer para siempre en su memoria.
Él es Juan Carlos Bueno, empresario local, creador y concejal, hombre profundamente ligado a Santa Marta, donde su nombre y su quehacer se entrelazan con la vida del pueblo.
Y ella es, María Hernández, escritora afincada en la localidad, guardiana de la palabra y de las vivencias que en ella habitan, como si cada frase fuese un eco de la vida misma.
Dos caminos que, como en los antiguos relatos del destino, acaban grabados en el mismo pergamino con el atramento del destino.
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