El corazón de Santa Marta volvió a latir con fuerza al compás de Santa Águeda, en una jornada cargada de identidad, simbolismo, devoción y orgullo popular. Una celebración que recordó que las tradiciones no viven solo en la memoria, sino que se sostienen y cobran sentido en los pasos de quienes las reviven y las mantienen vivas, año tras año.
Desde media mañana, la iglesia parroquial se convirtió en el centro de la festividad. Decenas de aguederas y feligresas llenaron el templo en una misa multitudinaria, evocando una tradición que honra a la mártir siciliana, símbolo de fortaleza y fe frente a la adversidad.
La celebración contó con la participación de las concejalas del Ayuntamiento de Santa Marta Silvia González, Mari Cruz Gacho, Juani Rubio, Soraya Sánchez, Marta Labrador y Ana Carmen Toledano, que quisieron acompañar en esta jornada festiva y mostrar así el respaldo institucional a una celebración que pone en valor la convivencia y el papel activo de las mujeres en la vida del municipio.
La homilía fue un alegato comprometido con los valores que representa Santa Águeda, un canto al respeto y a la dignidad, poniendo en valor la fuerza de la fe y el ejemplo de la santa como emblema eterno de resistencia, solidaridad y defensa de la mujer.
En un mundo donde aún demasiadas mujeres sufren el maltrato en el trabajo, en el hogar o en la calle por el mero hecho de serlo, Santa Águeda se alza como un símbolo luminoso y necesario.
Su vida, sostenida por una fe inquebrantable, fue un acto de resistencia serena y valiente, manteniéndose firme hasta la muerte para hacerse respetar en su dignidad más profunda. En ella confluyen la defensa de los derechos humanos, la dignidad que no admite negociación y la certeza de que toda persona, por ser hija de Dios, merece respeto.
Por eso hoy sigue siendo un referente universal para todas las mujeres del mundo, un legado vivo que interpela, anima y recuerda que la lucha por la dignidad no pertenece a una época, sino a todos los tiempos.
La lluvia impidió la tradicional procesión por las calles de Santa Marta, pero no apagó el espíritu de la celebración. En un gesto cargado de simbolismo, el párroco Mariano Montero invitó a “bailar” a la santa dentro del templo y a tomar el altar como espacio de unidad. Un hecho inédito que confraternizó de inmediato con los fieles congregados y dio paso al tradicional convite de pastas y vino dulce bajo los soportales de la iglesia.
La jornada continuó para las Águedas donde más de sesenta mujeres se reunieron en el Restaurante Bombay para compartir la tradicional comida y posterior cena de hermandad, celebrando su día durante toda la jornada.
Santa Águeda volvió a demostrar que las tradiciones en Santa Marta no son una reliquia del pasado, sino un hilo vivo que conecta generaciones. Un hilo que se cuida, se celebra y se renueva cada año, recordando que la identidad de un pueblo también se escribe con devoción, memoria y pasos compartidos.
Escríbenos