San Blas, la palabra que sana en el corazón de Santa Marta

Santa Marta honra a su patrón en una celebración donde la fe, la memoria y el compromiso con la justicia se dieron la mano

REDACCION. SANTA MARTA DE TORMES 4 de febrero de 2026 

Santa Marta volvió a mirarse en el espejo de su historia y de sus creencias para honrar a San Blas, patrón de la localidad, en una jornada marcada por la solemnidad, la emoción compartida y un profundo sentido de vecindad. Una de esas celebraciones que no se limitan al rito, sino que invitan a pensar, a sentir y a reconocerse como comunidad.

El acto central fue la eucaristía, en una iglesia llena, donde la homilía del párroco Mariano Montero se erigió como el verdadero eje de la jornada. Serena, profunda y comprometida, articuló su mensaje en tres tiempos que conectaron la figura del santo con los desafíos del mundo contemporáneo y con la realidad concreta de Santa Marta.

A la celebración asistieron el alcalde de Santa Marta, David Mingo, junto a la corporación municipal casi al completo, así como los diputados provinciales, Nieves García y Jesús María Ortiz.

En un primer momento, la palabra nos elevó la mirada hacia el escenario global, en un mundo herido por conflictos, tensiones políticas y decisiones internacionales que alimentan la polarización y la desigualdad. En ese contexto, se recordó que la justicia no puede ponerse al servicio del poder, sino de la verdad. San Blas, médico y santo, fue presentado como símbolo de protección no solo de la salud física, sino también de la salud moral y social. La tradicional gargantilla evocó esa llamada a cuidar lo que nace de la garganta, las palabras, hoy convertidas demasiadas veces en armas. En un mundo tóxico, donde se impone la ley del más fuerte y nombres propios encarnan esa deriva, todos somos a la vez víctimas y cómplices.

El segundo paso, la palabra descendió al terreno de la injusticia social que habló de desigualdad, de corrupción y de fragilidad, de cómo las decisiones de unos pocos condicionan la vida de muchos. Donde lo global y lo cotidiano no son mundos separados. En esa línea resonaron las palabras del Pápa León, alertando de cómo el significado de los conceptos se vuelve ambiguo y se utiliza para golpear al otro. Frente a ello, palabras y obras saludables, multilateralismo, diálogo y compromiso con una construcción más justa del mundo.

El tercer tiempo de la homilía se ancló en Santa Marta. Y lo hizo con esperanza. Porque, incluso en medio de un mundo convulso, es posible hablar de luz. De una comunidad humana que se ha ido forjando con esfuerzo, talento y acogida. De un municipio que atrae a quienes lo visitan, como se ha visto estas pasadas navidades. De ejemplos de vida como el de Luis Mateos, pregonero de estas fiestas e historia viva de la transformación local. De una iglesia que también ilumina, como muestra la reciente inauguración de la exposición de José Fuentes. Y de un reconocimiento explícito a la labor de la corporación municipal, entendida como servicio al bien común.

Finalmente, San Blas no salió a la calle. La bendición fue celebrada en el interior del templo ante la imposibilidad de procesionar al santo por culpa del tiempo. Allí, bajo las bóvedas de la iglesia y arropado por los sones del Himno Nacional interpretado por la Banda La Esperanza, San Blas fue honrado con respeto y recogimiento por fieles y vecinos, en un clima de emoción contenida, donde su mensaje caminó entre los bancos del templo y se quedó en la conciencia de los presentes.

Las celebraciones del patrón continuarán mañana con la festividad de Las Águedas y la tradicional quema del muñeco “Quinciano”, ritual ancestral que, como San Blas, mantiene viva la memoria colectiva y fortalece los lazos de identidad que hacen de Santa Marta una comunidad unida, consciente de su pasado y esperanzada en su futuro.