
La UDSM tuvo que tirar de orgullo, paciencia y carácter competitivo para sumar tres puntos de enorme valor ante una SD Almazán que vendió cara su derrota y obligó a los locales a sufrir hasta el pitido final. El 3-2 definitivo refleja un encuentro intenso, con alternativas y un desenlace cargado de emoción.
El partido arrancó con un Santa Marta decidido a llevar el peso del juego, volcada desde el inicio sobre la portería visitante. Sin embargo, fue la SD Almazán la que golpeó primero. En su primera llegada, en el minuto 7, aprovechó Junkent un desajuste defensivo para adelantarse en el marcador y silenciar el San Casto.
Lejos de acusar el golpe, la UDSM reaccionó con ambición. En el minuto 15, Collado fue derribado dentro del área en un penalti claro, pero el guardameta visitante se erigió en protagonista al detener el lanzamiento de Sergio Santos. Ese sería solo el comienzo de un recital bajo palos del portero almazanés, que frustró una y otra vez a los locales con intervenciones de mérito ante Santos, Collado, Hugo Villardón, Chopi y Cascón. Al descanso, y pese al dominio local, la sorpresa se mantenía, 0-1 para la SD Almazán.

La segunda parte cambió radicalmente el guion. Nada más reanudarse el juego, Gabi cazó un balón suelto en el corazón del área para firmar el empate y devolver la esperanza al Santa Marta. Apenas tres minutos después, una nueva pena máxima, esta vez cometida sobre el propio Gabi, permitió a Chopi darle la vuelta al marcador con un lanzamiento impecable desde los once metros.
Con el 2-1, la UDSM ganó en confianza y controló mejor el encuentro. En el minuto 60, Gabi volvió a aparecer para culminar una gran acción ofensiva y establecer el 3-1, que parecía encarrilar definitivamente el triunfo. El cuerpo técnico movió el banquillo dando entrada a Richardson y David Martín, mientras Saldaña sostuvo al equipo con una espectacular intervención en el 78 para evitar que los visitantes se metieran de nuevo en el partido.
La SD Almazán no bajó los brazos y logró recortar distancias en el minuto 85, poniendo emoción a un tramo final de auténtico asedio. Faltas laterales, balones colgados y ocasiones claras obligaron a la UDSM a defender con todo, resistiendo con orden y algo de fortuna.
Tras varios minutos de tensión y sufrimiento, el pitido final desató el alivio y la celebración. Tres puntos trabajados, sufridos y merecidos que refuerzan a un Santa Marta capaz de levantarse ante la adversidad y demostrar que, en casa, no regala nada.

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