Tres puntos de oro y plenamente merecidos se trae la UDSM de su visita al estadio Juan Carlos Higuero, donde supo sufrir, resistir y competir hasta el último segundo para imponerse por la mínima a la Arandina con un 0-1, en un partido exigente y de máxima tensión en su tramo final.
El conjunto santamartino saltó al césped con Saldaña bajo palos; Hugo Vilardón, Antonio David, Cascón y Galván en defensa; Santos, Alonso y Mini Súper en la sala de máquinas; y Gabi, Razvan y Coque en ataque. Desde el inicio, el encuentro estuvo marcado por la igualdad y el control en el centro del campo, con pocas llegadas claras a las áreas. La única ocasión reseñable de la primera mitad fue para el conjunto local, en unos primeros 45 minutos que concluyeron sin goles y con el marcador intacto al descanso.
Tras la reanudación, el partido cambió de guion. En el minuto 52, un penalti cometido sobre Gabi abrió la puerta al triunfo visitante. Martín Galván asumió la responsabilidad desde los once metros y no falló, adelantando a la UDSM con un lanzamiento firme y ajustado. Poco después, en el 55, Hugo Vilardón estuvo cerca de ampliar la ventaja, pero su disparo se marchó desviado por muy poco.
Con el paso de los minutos, la Arandina incrementó la intensidad en busca del empate, obligando a la UDSM a replegarse y a mostrar su mejor versión defensiva. El momento más crítico llegó en el minuto 82, cuando Christian Mayo vio la roja directa tras una dura entrada por detrás, dejando a los santamartinos con diez jugadores para afrontar un final de partido agónico.
Pese a la inferioridad numérica y al empuje local, la UDSM no renunció al ataque. En el minuto 86, el guardameta de la Arandina evitó el 0-2 con una gran intervención tras un potente disparo de Santos, asistido por Cascón. El encuentro se prolongó hasta el minuto 98, con sufrimiento, orden y entrega absoluta, hasta que el pitido final confirmó una victoria a domicilio de enorme mérito.
El Santa Marta continúa así su espectacular dinámica, demostrando solidez, ambición y una madurez competitiva que le convierte, jornada tras jornada, en un equipo realmente imparable.
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