“Labora et Ora”. Un viaje inmersivo al origen de Santa Marta

Una propuesta teatral, divulgativa e inmersiva que revive el pasado benedictino del municipio y su vínculo con el desaparecido convento de La Serna, de la mano actoral de los alumnos del programa Mixto de formación “Recreatio”

REDACCION. SANTA MARTA DE TORMES 7 de noviembre de 2025 

Los alumnos y el equipo docente del Programa Público Mixto de Empleo y Formación ponen en valor los orígenes monásticos de Santa Marta de Tormes y la huella del desaparecido convento benedictino a través de la visita teatralizada “Labora et Ora”, una propuesta cultural que ellos mismos interpretan en el nuevo espacio expositivo “Ora et Labora, Nuestra Historia”, ubicado en el Parque de la Fontana. 

“Labora et Ora”

El nuevo espacio expositivo “Ora et Labora, Nuestra Historia”, ofrece una experiencia didáctica e inmersiva que combina teatro, divulgación y patrimonio para descubrir, de forma amena y participativa de la mano de los alumnos del programa de formación, la historia del municipio.

A través de personajes y escenas inspiradas en la época medieval, los visitantes se sumergen en la recreación del convento benedictino de las Carbajalas, fundado en 1194, y pueden revivir cómo era la vida cotidiana en el antiguo convento, comprendiendo la relevancia histórica y espiritual que tuvo este enclave religioso en los orígenes y evolución de Santa Marta de Tormes.

Se trata de una propuesta desarrollada en el marco del Programa Público Mixto de Empleo y Formación, cuyo objetivo es recuperar y divulgar la historia del antiguo Convento de Santa María de la Serna, un enclave de gran valor histórico y patrimonial situado en el paraje de La Serna.

Convento de Santa María de la Serna

El Convento de Santa María de la Serna se asentó en Santa Marta tras la donación realizada en 1194 por Alfonso IX de León al Convento de Santa María de Carbajal de la Legua (León), que recibió “la Serna del Vado con sus viñas y todo lo que le pertenece”. De esta forma nació este convento benedictino, que llegó a convertirse en priorato y permaneció en la localidad desde 1194 hasta 1256, año en que una riada, un incendio y una nueva crecida del Tormes provocaron su destrucción.

Tras estos desastres, la comunidad se trasladó primero a la Iglesia de San Esteban, en el arrabal de Salamanca, y más tarde al Convento de Santa Ana, en el cerro. En 1556, el convento se separó del monasterio matriz leonés, adoptando la advocación de Santa Ana y pasando a depender del Obispado de Salamanca.

Sin embargo, muchas propiedades siguieron perteneciendo al convento leonés, entre ellas viñas, tierras y la aceña de Santa Marta, construcción costeada junto con el Cabildo y propiedad compartida entre ambas instituciones.

El Convento de Santa Ana fue derribado el 20 de enero de 1810 por las tropas francesas, que utilizaron sus materiales para reforzar el fuerte de San Vicente. Las monjas benedictinas se trasladaron entonces al Convento de la Anunciación (Úrsulas), después al Colegio Menor de Santa Cruz de Cañizares, y finalmente, en 1835, las últimas seis religiosas se establecieron en el Convento de Nuestra Señora de las Dueñas, en Alba de Tormes, donde reposan sus restos.

La investigación de “Ora et Labora, Nuestra Historia”

El espacio “Ora et Labora, Nuestra Historia” se convierte así en una ventana al pasado, fruto del trabajo de documentación e investigación desarrollado a través del Programa Público Mixto de Empleo y Formación, con el propósito de preservar y poner en valor el legado histórico y cultural de Santa Marta de Tormes.

Los archivos estatales, catedralicios y conventuales de Salamanca, León, Oviedo y Alba de Tormes confirman la existencia y relevancia del priorato de Santa María de la Serna, así como la presencia benedictina en Santa Marta durante siglos. Hasta 1767, los documentos registran propiedades activas de las monjas en el municipio, cuando se realizaron apeos y deslindes en el término de la Serna de Arriba y el Soto de Santa Marta.

Aunque la ubicación exacta del convento no se conoce con certeza, los investigadores apuntan a que se situaba junto al vado del Tormes, en el paraje de La Serna, próximo a la actual aceña.

En distintos puntos del municipio se han identificado sillares y restos arquitectónicos de gran tamaño en muros, corrales e incluso en la espadaña de la iglesia, que podrían proceder de aquel edificio, algunos con arcos conopiales característicos del final del Gótico y comienzos del Renacimiento, posiblemente relacionados con las obras de restauración documentadas en 1587.

Con esta exposición, Santa Marta recupera una parte esencial de su pasado, mostrando su identidad y origen monástico, así como la importancia que tuvo el Convento de Santa María de la Serna, del que proceden las conocidas Dueñas de Santa Esteban o de Santa Ana, que fueron, en realidad, las primeras Dueñas de Santa Marta.