Una semana después, Ledesma aún huele a historia. A faena grande. A tarde que ya no pertenece al calendario, sino a la leyenda. Fue el pasado 22 de junio, en el marco incomparable de los Corpus Ledesminos, cuando Raquel Martín, novillera de Santa Marta, se convirtió en la primera mujer en indultar un toro.
Lo hizo con el quinto de la tarde, “Lolito”, un novillo de hechuras capitalinas de la ganadería de Lorenzo Rodríguez Espioja, que desde que pisó la arena mostró sus cartas. El ejemplar mostro siempre una embestida larga, de comportamiento noble, codicioso con los paños y de enorme transmisión.
Raquel lo entendió desde el principio. Desde aquellas diez verónicas limpias y mandonas con las que lo sacó de tablas hacia los medios, rematando con dos medias de cartel. Lo fue cuidando, templando y componiendo una obra que mezcló arte, cabeza y corazón, y que fue cocinando con mimo, sin prisas…y sin pausa.
En la muleta, Raquel se mostró firme, con mucho temple y quietud, pero serena. Dos tandas por la derecha de trazo largo y profundo, y una faena al natural en la que impuso su ritmo y su pulso. Toreó con la yema de los dedos acariciando el tiempo.
Cuando montó la espada, el clamor ya había estallado. El público pidió el indulto de manera unánime. Tras el pañuelo naranja, “Lolito” regresó vivo a los corrales y Raquel paseó las dos orejas y el rabo simbólicos, en medio de una ovación que parecía no tener fin.
Una carrera marcada por los hitos
Raquel Martín no es una más. Lo demostró desde su debut público en Villoria en 2020, donde ya cortó dos orejas. Desde entonces, su carrera ha sido una suma de gestos y triunfos. Debut de luces en Arles (2021) y con caballos en Olivenza (2022) saliendo por la puerta grande. Hizo un paseíllo histórico en la Glorieta, al ser la primera mujer a pie vestir de luces en el coso salmantino (2024), y toreo tardes importantes como Valladolid, Béjar o Castellar.
Esta temporada, compartió cartel con figuras como Enrique Ponce, Talavante o Juan Aguado en Ciudad Rodrigo, demostrando que está más que preparada para cruzar el umbral hacia el siguiente escalón.
El campo charro y la tauromaquia femenina deben celebrar una nueva era
Lo de Ledesma no fue sólo un triunfo. Fue una revolución serena, de las que se escriben con muleta y sin proclamas. Raquel Martín ha roto un techo invisible, reivindicando el lugar que la mujer ocupa ya, sin necesidad de adjetivos, en el escalafón taurino.
Su nombre ya está inscrito en la historia. No sólo como la primera mujer que indulta un toro, sino como una torera que torea despacio, siente profundo y entiende la lidia con inteligencia y pureza.
Ledesma, Espioja y Raquel. Tres nombres que, juntos, regalaron una tarde para siempre.
Escríbenos