La Unión Deportiva Santa Marta cerró la temporada este fin de semana de la mejor forma posible: con una contundente victoria en casa por 3-1 ante el Tordesillas, segundo clasificado de la liga y aspirante al ascenso. Más allá del resultado, lo que se celebró en el Alfonso San Casto fue la confirmación de una transformación profunda que ha devuelto al equipo la competitividad, el orgullo y la alegría.
Desde que María Hernández tomó las riendas del banquillo el pasado 11 de marzo, el equipo ha vivido una auténtica metamorfosis. Lo que en febrero parecía una pesadilla —con un Santa Marta desdibujado, en caída libre y al borde del descenso— ha terminado siendo un final de temporada ilusionante, con una racha de resultados que ha hecho olvidar los dos meses más grises de la campaña.
La victoria de este domingo frente a uno de los “grandes” de la categoría no es más que la culminación del llamado “efecto María”. Bajo su dirección, el conjunto ha sumado puntos vitales, ha ganado en solidez defensiva y ha recuperado la chispa en ataque. La impronta se ha notado en todos los aspectos del juego: un equipo más agresivo, más ordenado y sobre todo, con una actitud ganadora que parecía extraviada.
Este último partido fue una demostración de carácter. Villardón abrió el marcador con un remate al segundo palo que el portero no supo atajar en el minuto 32, y poco después, Chopi amplió la ventaja tras una buena jugada colectiva en el minuto 41. El descanso llegó con una cómoda ventaja, pero el rival no bajó los brazos y logró recortar distancias en el tramo final. Sin embargo, un inspirado Kevin selló el triunfo en el minuto 88 con un remate ajustado al palo que desató la euforia en la grada.
Con este triunfo, el Santa Marta despide la temporada con buenas sensaciones, habiendo derrotado a uno de los candidatos al ascenso y dejando claro que, pese a las dificultades, el equipo supo reaccionar. La afición, que tanto sufrió durante gran parte del curso, pudo al fin celebrar una victoria redonda y mirar al futuro con optimismo.
María Hernández ha devuelto al Santa Marta la identidad y el coraje, y los resultados así lo demuestran. Con su dirección, el club evitó el desastre y ha recuperado su sitio como un rival a tener en cuenta en el campeonato. El cambio ha sido tan evidente como necesario. Ahora, con la permanencia asegurada y una racha positiva en la mochila, toca ver el fututo de quien dirigirá el banquillo de cara a la próxima temporada y cuales serán sus objetivos.
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