Ni siquiera un hecho insólito como el gran apagón que este lunes paralizó durante horas el país, logró frenar la fiesta más popular y pagana del calendario salmantino: el Lunes de Aguas.
Pasadas las 12:30 horas, una caída masiva del suministro eléctrico dejó a oscuras la península ibérica, en un hecho inédito en la historia de nuestro país. Aunque todavía se investigan las causas exactas y las consecuencias de la incidencia, lo cierto es que, ni el mismísimo Felipe II, que siglos atrás intentó poner orden en los desmanes estudiantiles de Salamanca, hubiera imaginado que, medio milenio después, nada podría detener la tradición más salmantina.
La Isla del Soto, en Santa Marta, se convirtió en el mejor ejemplo de esa resiliencia festiva. Desde primeras horas de la tarde, cientos de vecinos se reunieron en este tradicional enclave para cumplir con la costumbre: compartir hornazo, música y alegría, aunque este año en un ambiente de incertidumbre por no saber cuándo volvería la luz.
Tampoco faltaron los “bares de guardia”, esos establecimientos que, pese a las dificultades, mantuvieron viva la esencia del Lunes de Aguas, ofreciendo cobijo comunero, ante la falta de energía eléctrica.
Finalmente, poco antes de las 17:30 horas, el suministro eléctrico comenzaba a restablecerse progresivamente en Santa Marta, lo que permitió prolongar la fiesta hasta bien entrada la tarde sin más sobresaltos.
Así, entre tradición, hornazo y un espíritu inquebrantable, el Lunes de Aguas de 2025 quedará en la memoria colectiva como el año en que ni el gran apagón pudo eclipsar la tradición más charra.
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