¡Qué viva el Padre Putas, patrón de los lunes sin culpa!

Durante los cuaresmales días, las damas de recreo eran llevadas al otro lado del río Tormes, donde aguardaban el paso de la penitencia cristiana, la Salamanca Antigua Celebra con Hornazo y Pícaro Alborozo el fin de la cuaresma

REDACCION. SANTA MARTA DE TORMES 28 de abril de 2025 

En la Muy Noble, Muy Leal, Caritativa y Hospitalaria, Muy Culta, Docta y Sabia ciudad de  Salamanca, allá donde las piedras susurran latines y los estudiantes trazan versos en las sombrías tabernas de frasca y tapa, florece cada primavera una jornada de jolgorio. El glorioso y pícaro Lunes de Aguas es el día en que la mesura cuaresmal se suelta el jubón, las flautas suenan con alegría y el buen hornazo se comparte con gozo entre mozos y doncellas.

De Castidad Forzada y Buen Recibimiento

Corrían los tiempos del prudente Felipe II, monarca ceñudo y muy dado a la moral cristiana, cuando en su celo por la rectitud dictó ordenanza severa e hizo que las mujeres de vida alegre, hospedadas en casas de dudosa virtud, fuesen alejadas de la ciudad durante la sacra Cuaresma. Así fue como en los cuaresmales días, las damas de recreo eran llevadas al otro lado del río Tormes, donde aguardaban el paso de la penitencia cristiana.

Custodiadas por un clérigo de oficio peculiar, apodado con sorna y desenfado por los estudiantes como el “Padre Putas”, estas mujeres permanecían en recogimiento hasta que la Resurrección del Señor aliviaba culpas y encendía los deseos.

Y he aquí qué llegado el lunes siguiente al Lunes de Pascua, Salamanca entera, con sus estudiantes más traviesos y sus vecinos más dispuestos, cruzaban el puente Romano entre risas, flautas, cargados de vino y versos libidinosos, para dar la bienvenida a las cortesanas con danza, alegría y abundantes viandas.

El Hornazo, la vianda del desenfreno

No podía faltar en tal celebración el noble hornazo, pan redondo y dorado que albergaba en sus entrañas lomo, chorizo, huevo duro y jamón, como si en cada bocado se burlase de la abstinencia pasada. Este manjar, digno de trovador goloso y clérigo hambriento, era preparado con mimo y portado en cestas hasta las riberas del Tormes, donde se abría como símbolo de libertad, regocijo y fin de la penitencia.

De Moza y Estudiante, y Otros Juegos del Día

Decíase que en el Lunes de Aguas florecía más que la primavera. Las mozas se adornaban con cintas, los mozos afinaban sus laudes, y por entre álamos y prados se tejían amores fugaces, miradas atrevidas y promesas al viento. Había música, abundaba el vino, danzas populares, duelos de palabras y algún que otro chapuzón, pues el río también era testigo del desmadre honesto que Salamanca se permitía tras semanas de recogimiento.

Y Aún Hoy, el Río Recuerda

Y pasaron los siglos, cinco para más hondura histórica, más la tradición no feneció y cada primavera, los salmantinos, herederos de aquel espíritu pícaro y medieval, continúan cruzando el Tormes para honrar el Lunes de Aguas con hornazo en mano y mejor compañía.

Porque Salamanca podrá cambiar sus trajes y sus calles, pero jamás olvida qué en el Lunes de Aguas, la alegría, la carne y la fiesta vencen a la cuaresma, aunque sea por un lunes al año.