De la A a la Z sin ánimo de ofender
Advierto a los lectores antes de comenzar a leer este artículo: si eres ligeramente maniático, propenso a los tics o a los toc (trastornos obsesivos compulsivos), aunque sea mínimamente, dejalo. Pasa página, pulsa el mando de retroceso y a otra cosa. No me hago responsable de tus posibles obsesiones incontrolables tras la lectura. Es el caso que se comienza en plan de broma o de uso útil, pero que se termina como la luz de un frigorífico encendiéndose tan pronto lo abres. Aunque también hay maniáticos que se preguntan cómo saber si la luz de ese electrodoméstico permanece apagada mientras se encuentra cerrado. ¡Hay para todo! Creo que se apaga, pero no estoy seguro.
Yo personalmente me encuentro colgado y obsesionado por lo que voy a glosar. ¡Jo, qué palabra más antigua esta de glosar!
Comenzó esta obsesión –o casi juego– con la matrícula de mi coche cuando esta terminaba en dos letras más una o dos más que indicaban la provincia a que pertenecía. Tenía este nuevo sistema de matriculación un problema que podía resultar hilarante, que provocara el cachondeo de los observadores y el mal genio del propietario. De hecho se corrió la leyenda urbana de que se evitaban ciertas combinaciones. Seguramente fuera verdad, pero me da pereza buscarlo en Google. Efectivamente, por poner un ejemplo suave, una matrícula de Cádiz (CA) que llevara detrás del número las letras CA, sería el hazmerreír de los que la vieran. Otras en cambio irían como la seda: SEvillacon las letras DA finales. Las había que carecerían de significado, aunque no por ello desistíamos en dárselo: Una matrícula de CÓrdoba terminada en BR, por ejemplo, –evito otras terminaciones por pudor– de principio no tiene sentido, pero con una pequeña modificación o añadido, se lo dábamos: CO-BRa. Servía esto como regla mnemotécnica –o sea, truco– para recordar mejor nuestra matrícula o matrícula ajena.
El encanto se deshizo cuando las matrículas cambiaron y nos colaron cuatro números y tres letras entre las que en España no figuran vocales para evitar palabras ¿malsonantes?, por ejemplo, ANO. Según mister Google fue una decisión de la Dirección General de Trafico. Vale, bien pensado.
* * *Sé desde hace tiempo que las lenguas semíticas (o al menos así me lo enseñaron, aunque de estas lenguas no tengo ni idea), que el árabe y el hebreo, para ser más concretos, además de escribirse de derecha a izquierda, no contaban en principio con lo que consideramos vocales, solamente el Alif y Alef, respectivamente, correspondiente a nuestra A, lo cual no implicaba que no pronunciaran vocales. ¿Cómo se arreglaban? Pues prediciendo como nuestro móvil o ese juego infantil del ahorcado cuando a falta de pocas letras acertamos la palabra. ¿Y a qué viene esto? Esperad que leo lo escrito más arriba y sigo… ¡Ah, sí! De las matrículas de los coches. Pues eso, que de la escritura semítica se me ocurrió formar palabras añadiendo vocales a mi gusto para recordarla mejor. No es invento mío, claro, hay muchas personas que lo hacen para recordar su matrícula. Sé también que a la mayoría se les ocurre sin tener que echar mano de las palabras semíticas de antaño, pero a mí, sí, ¡ya ves!
Pues vamos a ello. De mis propias matrículas pasé a las matrículas ajenas y no solo formando una palabra, sino cuantas pudiera añadiendo las vocales
Hay una aplicación para móvil en la que se trata de formar palabras con un número determinado de letras. Creo que se llama WORD. De él han dicho algunos entendidos que favorece el ejercicio mental para retrasar el Alzheimer o, al menos, ese mal del que nos quejamos muchos y que es la evocación de palabras, personas u objetos archiconocidos. En algún momento posterior nos acordamos de la palabra rebelde, aparece en nuestra conciencia como una aparición, con la consiguiente alegría de haberla recordado. Al parecer este juego facilita esa evocación.
Y digo yo que el juego de las matrículas tiene forzosamente que producir los mismos o mejores efectos. El único defecto que le encuentro es que produce adicción. Ver una matrícula e intentar descubrir palabras que se puedan formar es un acto automático, una obsesión, la mente no descansa hasta encontrar alguna. No atinar con ninguna, te frustra, te decepciona, te defrauda. No te digo nada si el coche con esa matrícula aparca cerca de tu casa y lo tienes forzosamente que ver todos los días. Prefiero ignorarlo.
Pues bien, he caído en el garlito y soy incapaz de salir de él por más esfuerzos que hago. Matrícula que veo, palabra o palabras que intento descubrir. Yo he caído y no sé si lo lamento, aunque me obsesiona a veces. Ahora bien, no me eches la culpa si caes en la red, querido lector, a partir de este último párrafo, porque ya lo advertí al principio.Parodiaré a un humorista español que dijo que el ajedrez desarrolla la inteligencia para seguir jugando al ajedrez. Pues eso, este juego al menos te ejercita para seguir jugando y encontrando palabras con más facilidad y de forma gratuita.
Lo que sí haré algún día es pedir a la DGT que elimine de las matrículas la W y la K. ¡Me enerva cuando las veo en algún coche!
JotaeMeGe
Escríbenos