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De las palomas y otros parásitos

 

Las palomas. ¡Qué ornamento urbano más espectacular, más estético, más romántico! Volaban con gran elegancia y una gracia que alegraba la vista de los visitantes de las ciudades donde poblaban las plazas. Se acercaban a tu silla de terraza solicitando una migaja de pan torciendo la cabeza para verte con un solo ojo que parecía te suplicaban hasta con picardía: ¡Hala, venga, suéltame un trocito de pan! Y no podías resistirlo. Lo hacías y tras esa acudía otra, y otra más y otra más… ¡multitud! Su arrullo te adormecía plácidamente; sus enredos amorosos te enternecían. Incluso las asustabas con una palmadita para que emprendieran su gracioso vuelo precipitado.

Era el vuelo del “Espíritu Santo” representado en tantas obras de arte en forma de paloma. En otros tiempos la protección animal estaba ligada a la religión u otros aconteceres sensibles. Las golondrinas habían quitado la corona de espinas a Jesús y, por tanto, eran intocables. Las cigüeñas traían los niños de París. Los estorninos volaban acrobáticamente y en bandada alegrando la vista. Y las palomas…, ya he dicho, estaban íntimamente relacionadas con la religión. En algunas civilizaciones antiguas las relacionaban con el amor y la fertilidad, en otras con la fidelidad matrimonial. Han sido utilizadas como mensajeras cuando las comunicaciones resultaban más precarias. Y si se la representaba con una rama de olivo en el pico era considerada mensajera de la paz, sí, mensajera de la paz.

Recuerdo mi primer visita a Venecia. Era un espectáculo. ¡Qué animación se extendía por la plaza, por tierra y cielo con su vuelo y su torpe andar! En España apenas si gozábamos de este espectáculo. Sí recuerdo algo parecido en el Pilar de Zaragoza. Algunos años más tarde de mi éxtasis veneciano con las palomasno muchos en la catedral de Viena pude observar redes metálicas en sus ventanas, pinchos en sus cornisas y una explosión programada cada veinte minutos. Reconozco que aquello me pareció una excepción, pero me dejó mosqueado y atónito. ¡Qué ataque más insólito el de los vieneses! A pesar de esta ciudad, “adelantada a su tiempo”, se importó la moda de las palomas a muchos municipios de España. ¡Y hasta aquí hemos llegado! Sus arrullos se convirtieron en ruido insoportable; su afición a posarse cariñosamente en tu hombro trajo consigo el peligro de contagiarte con una garrapata; su ruidoso revoloteo cuando intentan aparearse, un barullo inaguantable. Y lo peor, lo peor de todo, sus deposiciones, antes llamadas “palomina” y utilizadas como abono, que han convertido las calles, balcones, terrazas en un estercolero. Hoy en día podemos entender mejor por qué algunas religiones las considerarandiosas de la fertilidad: ¡qué forma de reproducirse! Multitud es poco. ¡Invasión! Nos han invadido. Se han convertido de transmisoras de la paz en portadoras de la guerra. Se las ha combatido de todas las formas imaginables: con halcones, con graznidos sonoros de estas aves, con ruidos explosivos, con pinchos, con jaulas de solo entrada engañadas por un alimento en el interior…(Por eso Viena se “adelantó a su tiempo”). Últimamentedicen, a mí que me registren, porque yo no sé nada de ello que han inventado un producto, que al comerlo, las esteriliza. ¿Rumor urbano, verdad secreta?

Sea lo que fuere es cierto que en nuestra ciudades se ven menos palomas. No sé yo si algún artista volverá a imitar a Picasso pintando una paloma como símbolo de la paz. Me parece a mí que se cuidará muy mucho. E ironías del destino, los nichos pequeños de los cementerios para las cenizas funerarias se han llamado “columbarios” (columba=paloma en latín). Esperemos que la paloma no se asocie con los cementerios y cambie su simbología. ¡A saber! Porque hoy los tiempos cambian de color como un camaleón.

Ahora nos quedan los estorninos. ¡Qué hermosas bandas acrobáticas más odiosas por sus chillidos! ¡Y qué plaga!

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