WOLFGANG
Nacionalidad: española.
Director: Javier Ruiz Caldera
Actores principales: Miki Esparbé como Carlos, Jordi Catalán como Wolfgang, Àngels Gonyalons, Anna Castillo como Mía, Berto Romero como Paco y Nausicaa Bonnín como Ingrid.
A mi entender se trata de una película descuidada. Al director le ha interesado más sensibilizar al público hasta las lágrimas, que documentarse sobre su contenido y sus personajes. Tal es así –aunque no sea de interés excesivo– no ha cuidado ni siquiera la pronunciación del nombre del personaje. Tanto en alemán como en español Wolfgang se pronuncia tal cual, es decir, como si dijéramos aproximadamente Bolfgan. Pues no, los actores se empeñan en pronunciar algo parecido a Guolfam o Guolgang, he sido incapaz de apreciarlo totalmente. Solo una vez se pronuncia correctamente y lo hace una francesa –oriunda o no, es lo mismo.
Pues lo mismo sucede con el personaje protagonista, es decir, Wolfgang Amadeus, no se sabe bien si se trata de un autista asperger (se establecen diferencias entre ambos), de un superdotado o de un niño traumatizado por una triste experiencia vital. Unas veces se presenta como asperger, contando números primos cuando se le contradice, no entendiendo el doble sentido de palabras o frases… La mayor parte de la película es un superdotado de la música o por mejor decir, del piano. Su virtud musical está en pulsar el mayor número de teclas por minuto, un virtuoso sin duda, pero no puede calificarse de buen pianista, con sentimiento en la reproducción de Mozart u otro cualquier de los compositores que interpreta. El director debe entender que un buen músico es eso, una persona que domina el instrumento. Sus diálogos con el padre en cambio es de un superdotado, muy parecido, incluso en algunas escenas al de la serie El Joven Sheldon. Al final, se transforma en un niño traumatizado hasta el suicidio. Para confundirlo todo nos mete un padre irresponsable, pretendiente de actor, que me recuerda al personaje Joey de la serie Friends (Amigos), en las mismas condiciones laborales y actitud similar. Y una abuela intransigente que se comporta como una suegra –con perdón de las suegras–, convencida de que lo único que necesita el niño es amor, aunque sea un amor confundido.
Ha cogido el guionista o el director unas cuantas notas de cada una de las características del asperger, del superdotado, del traumatizado y ha hecho un totum revolutum que da lugar a Wolfgang Amadeus.
Lo que sí consigue, aunque a medias, es emocionar. Se trata de una de tantas familias en que no comprenden a niño especial (genio, autista, discapacitado mental, traumatizado…) y con breves escenas sentimentales reconduce a los personajes hacia lo que todos esperamos, a una armonía familiar, a un entendimiento del niño y el niño de los adultos. Todo ello mezclado con escenas sensibles para arrancar alguna lágrima furtiva al espectador. Me recuerda algo la película, aunque salvando las distancias en calidad, a Campeón y a otras muchas de este estilo que no pretenden otra cosa que conmover al espectador. Y eso sí, a quien la calidad cinematográfica le traiga al fresco, disfrutará de la película, de su trama y saldrá de ella con una sonrisa triste, pero agradable, porque todo se ha arreglado. La tragedia, convertida en comedia, termina como tienen que terminar este tipo de películas.
Estoy seguro de que resultará agradable a muchas personas, sobre todo a quienes les encanten las películas sensibles, de estrellas de circulación arbitraria que acaban rotando alrededor del planeta amor.
Jesús María
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