CINE PERIODICO JOTAEMEGE

EMILIA PÉREZ

 

Nacionalidad: Coproducción Francia-Méjico.

Director y guionista: Jacques Audiard

Actores: Karla Gascón (Emilia Pérez), Zoe Saldaña, Selena Gómez, Edgar Ramírez,…

Música: Camille Clément Ducol

 

El título de esta película resulta poco sugerente, incluso poco atractivo. Da la impresión de que te vas a encontrar con una película más sobre una mujer común, vulgar, si se me permite la expresión. Seguramente ha necesitado el empuje del boca-oreja para su promoción, porque necesita un empuje para decidirte a verla sin más información: la opinión de un amigo, la crítica favorable de algún locutor o la consulta de alguna página web que te la aconseje. En la actualidad cosecha premios sin número.

Una vez en la sala, los primeros veinte minutos resultan ya sorprendentes. ¿Qué es: un musical, una comedieta, una película más de bufete de abogados? Nunca supondrás que se trata de un drama. La acción o inacción transcurre con música muy actual, recitativa, pero con un espectacular montaje escénico en que la abogada (Zoe Saldaña) evoluciona entre un coro que aparece y desaparece cinematográficamente de escena. Quiero decir con ello que el coro se presenta de repente y desaparece de la misma forma, cosa que solo se puede llevarse a cabo en una filmación. El ritmo es trepidante, con una letra entre cantada y recitada espectacular, maravillosa. Un acompañamiento que te engancha y sensibiliza. Queda el espectador en un estado de espera, al acecho de cómo evolucionará, de dónde te llevará tanto baile, tanta canción casi incomprensible, tanta lluvia de imágenes y paseos hacia no se sabe bien dónde.

Y nos lleva, sin detener el ritmo, a una conversación cara a cara entre la abogada y un mafioso (el Manitas) de un cártel de la violencia y droga, a un lugar indeterminado de Méjico. El capo tiene la cara picada de viruela, una cara desagradable, que la cámara afea aún más desde su primer plano. La voz es gangosa, aguardientosa. Pretende presentarnos un personaje de aspecto fiero, díscolo, sin piedad. Para aumentar el misterio hace prometer a la abogada que lo que hablen ha de quedar entre ellos, con un recurso que más tarde utilizará la misma abogada: revelarle lo que pretende de ella implica que acepta un contrato que la hará rica, aunque no cabe indecisión, ni vuelta atrás una vez sabido. Y llega de sorpresa la razón de aquella entrevista: el capo de la mafia quiere convertirse en mujer por medio de la cirugía con el nombre de Emilia Pérez. La abogada debe buscar al cirujano que admita también guardar el secreto con la misma condición: conocer su misión significa aceptarlo. Y lo acepta.

Las canciones y bailes coreográficos del principio se hacen menos frecuentes conforme avanza la película, de aquí la duda de si se trata realmente de una película musical o con música cantada y coreografiada. Tras esta primera parte, se produce una largo salto hacia adelante: desde el momento de la cirugía hasta la aparición de Emilia Pérez, una mujerona que no solo ha transformado su cuerpo, sino también su carácter. El espectador supone lo sucedido, aunque no la abogada que se encuentra con ella en una comida y sorprendida la reconoce. Otro caso distinto es el de sus hijos y su mujer que ignora su transexualidad. Para estar junto a ellos se hace pasar por tía de las niñas. Este será el origen del drama.

Emilia es ahora una bondadosa persona que pretende reconvertir el mundo de muerte y asesinatos en que vivió y del que participó con una fundación benéfica que trabaje por acabar con ese mundo, redimir a cuantos se encuentran atrapados en ese callejón sin salida, encontrar a los cadáveres de los asesinados para entregarlos a sus familiares. Se trata de una nueva vuelta de tuerca que convierte la película rosa en un drama. Una situación inesperada, nos lleva hasta un final trágico, como si quisiera decirnos que la violencia acompaña al ser humano y no hay salida, se vuelve a él por mucho que nos empeñemos.

No obstante, salí del cine rebobinando la película, quedándome con la espectacular primera parte de música y baile tan entrañables, con la Emilia Pérez que lucha por desentrañar las heces de un mundo de muerte. Y el final de una mártir por esa causa. Con el recuerdo de una procesión muy mejicana –con música popular y religiosa incluida– en que se concelebra el sacrificio de un hombre o una mujer santificada, ejemplarizante a pesar de los pesares. Y ahí queda, si no la labor de su vida, sí el ejemplo con su santificación popular.

Quiero suponer que la película será mucho más impactante en Méjico, en ese Méjico violento del que participan muchos otros países hispanoamericanos, aunque también en otros en que creemos descartada esa agresividad latente, donde la violencia queda oculta bajo una vida muelle, sin apenas noticias de los bajos fondos.

Apenas si notamos la disculpa del director y guionista con la transexualidad de la protagonista, porque no deja de ser una disculpa para mostrarnos la transfiguración de una persona en mártir de una causa, en una persona arrepentida de su vida anterior, en una persona, en definitiva, que pretende reparar el mal que ha hecho, aun arrostrando el martirio.

Me ha parecido un película extraordinaria. Si bien hay que acudir a ella con la mente abierta para ver y oír una narración distinta en muchos aspectos, pero encantadora.

 

Jesús María