De trazo breve y emociones eternas

Preposición SUR

Bajo el cielo del sur todo es cálido, aturde, huele a ensoñación de flores frescas, tardes de pesado estío, horas vacías, espejismos, eco de niños entre pereza y tormentas.
Al sur, la luz es blanco vivo; acuarelas de mar y techo azul se pintan solas con aires templados y miel de ambiente que brota entre escalofríos amarillo limón.
En el sur el tiempo se borra, nada se agita, una amapola carmesí deja perlas de sudor en los labios. Nadie pretende; todo perdura. Lo que fluye se comprime, es destino y albedrío.
Hasta el sur llega la carcajada, el amor, que es sensualidad vestida de azahar, estirpe ávida de tierra y pan, rudeza de faena y deseo furtivo.
Por el sur, quimera, desazonado batir de alas en la mañana, retumbos desdibujados en horizonte inverso, sendas para volar.
Hacia el sur, cielos marcados por el compás divino del tiempo, oscuras pujanzas atrapadas en un odre de vino donde habitan la prestancia del olvido y lo olvidado.
Ante el sur, nacen el hechizo, la tradición prestada al hurto exaltado, el asombro escéptico, la muerte extraña de ese mito que se viste con traje de luces y agonía.
Con el sur, llega el gozo, el llanto ahogado de felicidad, las hembras tributadas de agitación temprana y leve palpitar del alma.
Para el sur, se presenta voluntario el viajero, que busca y encuentra a otro, argonauta del tiempo y mago de los arcanos del sueño que se mezclan en caravana de hombres.
Sin el sur, retrato incompleto, final impreciso, abandono y pérdida, ¿qué sería del norte? Nada. Ni siquiera el norte podría soñar con ser el sur de cualquier otra parte.

José Luis Logar