Regreso a la nada
Saleh acababa de llegar, junto a lo que le quedaba de familia, desde el campo de refugiados de Deir Al Balah, tras meses de privaciones y desesperación. Su madre, su mujer y sus dos hijos pequeños, que se apretujaban encima de una vieja carreta abarrotada de enseres y tirada por un mulo exhausto, parecían estar temporalmente a salvo. Al Zahra, el que fuera uno de los barrios más hermosos de ciudad de Gaza, era ahora un océano gris de escombros, sin olas, sin mareas, un piélago de silencio, muerte y destrucción. Habían dejado atrás el mar y habían vuelto al mar, en una especie de círculo vicioso e infernal que seguía dando vueltas atrapado por el tiempo. Saleh miró a los suyos y en su enjuto rostro, se dibujó lo que parecía una mueca de infinita tristeza. Mientras la abuela lloraba tapándose la cara y su mujer cabeceaba aturdida, su hijo Omar bajó de la carreta. Llevaba en las manos un viejo balón descosido por cuyas costuras asomaban varios “chichones” y vestía una raída camiseta del Real Madrid, dos tallas más pequeñas para su edad y con el 9 a la espalda. De repente chutó el balón hacia una improvisada portería hecha de vigas de cemento y que apenas se mantenían en pie y corrió alborozado en su busca. Saleh sintió un escalofrío recorriéndole todo el cuerpo porque sabía que tendrían que volver a empezar desde la nada, pero quizá también, que Israel acababa de encajar por toda la escuadra, un gol de su retoño.
José Luis Logar
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