De trazo breve y emociones eternas

Miss Liberty

   Esta mañana, la libertad ha venido a visitarme, y me ha sorprendido frente a la pared, desprevenido, contando desconchones de esos que son como grandes cúmulos de nubes de yeso esparcidos sobre la cal blanca arañada. No pensaba en nada en concreto, casi nunca lo hago. Me limito a sentir los minutos y estremecerme con los pinchazos de granitos de arena levantados por un inexistente viento de levante, que desde luego a mi celda no llega. Aunque yo lo sienta.

    Contrariamente a otras veces, hoy no tenía ganas de hablar con la libertad. Hay días que me resulta inoportuna. Se presenta sin avisar, perturbando el cortejo cómplice que me traigo con la soledad. Le he dicho que se marche, que no quiero que me venga disfrazada con ropajes engañosos, travestida de ilusión. En el particular concurso de belleza que patrocina mi aislamiento, la soledad le va ganando la partida a la libertad. La soledad, al menos, nunca dice que quiere la paz en el mundo. Solo que estemos juntos.

    Pero ambas son hermosas a su manera, así que cuando me he vuelto a quedar a solas con mis pensamientos, como un niño que no acepta una imposición, la he vuelto a echar de menos. Seguro que pasado mañana me habrá perdonado y volverá. Siempre vuelve. La oigo cada día, al otro lado del muro, cabalgando sobre las olas que acarician las laderas del penal, levantando remolinos de sal y espuma que luego se mezclarán con mis venas. Para mí, ese es el verdadero rostro de la libertad desde hace muchos años… una mezcla de sodio, esperanza y viento.

José Luis Logar