De trazo breve y emociones eternas

Sin la menor indulgencia

 

No recuerdo casi nada de aquella mañana en la que Eva María se fue. Dejó sobre la arena su vieja maleta de piel y encima un minúsculo y juvenil biquini de rayas como tributo a su adolescencia. Luego se adentró en el mar y desapareció. No supe qué hacer, desconozco si me quería, pasé largo tiempo desorientado, recorriendo la playa tras su partida. En mi mente empezaron a flotar imágenes de Eva María riéndose entre las olas mientras el sol tostaba cada vez más, su brillante piel. Me han quedado desde entonces un insomnio recurrente, una fotografía ya desgastada y un catálogo repleto de ausencias. Supongo que eso es en cierto modo el primer amor. Recuerdos, preguntas nunca contestadas, soledad y desamparo. ¿Buscaba Eva María algo más allá del sol y la playa? No tengo ni idea, pero seguro que las Nereidas algo deben de saber.

José Luis Logar