Náufragos de asfalto
Hace tiempo que al amanecer somos como enormes incendios de indiferencia, barcos perdidos y olvidados por los recuerdos de nuestras incertidumbres, temblorosos y frágiles, como viejos organigramas desgastados. Y nos movemos sin pensar, a modo de inaprensibles fuegos fatuos que recorren las calles en busca de su destino. Un destino tasado, atrapado en un horario que se replica a sí mismo. Y nos movemos sin mirar, transitando un caminoespectral donde el todo y la nada se persiguen. Por eso nadie oía al niño. El niño tenía frío. Como todos los niños asustados. Su piel lloraba al tibio sol del alba, encogida y trémula, embutida en un cubo que le disfrazaba de monstruo. Con sus extremidades presas, el niño-cubo gritaba sin que nadie atendiese su desesperación de niño. La madre, sentada a su lado y tapada por una manta, no le hacía caso. La prisa se interrumpía a veces cuando una moneda, al caer, golpeaba el fondo metálico de un platillo abandonado a sus pies. El niño se calló durante un tiempo, acompasando su sueño con el de su madre, que permanecía inerte. A media mañana ya no quedaban sombras en la Puerta del Sol. La amplia sonrisa de Mamadou se abrió paso entre los bolsos y cinturones que adornaban la manta extendida sobre el renegrido pavimento. Mamadou se percató del carrito de bebé detrás de él. Miró precavido en varias direcciones y finalmente se asomó. Un niño palidísimo e inmóvil le miraba fijamente, con la boca y los ojos muy abiertos. Había visto demasiadas veces esa expresión. Sacudió el brazo de la madre para avisarla, pero las yemas de sus dedos palparon a la vez, la rigidez y la jeringuilla. Nadie había advertido nada. La escena transcurría en el fondo de un decorado, a cámara lenta, ajena al ir y venir de los fuegos fatuos, los organigramas desgastados y los horarios que cumplir. Asustado, Mamadou recogió las cuatro esquinas de su manta y se llevó su vida a otra parte. “Cada patera naufraga en un mar diferente”, pensó, “aunque en cualquier naufragio, siempre mueren los mismos.”
José Luis Logar
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