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NO A LA GUERRA… DE VEZ EN CUANDO

 

… y desgraciadamente, con halo añejo y acostumbrado, muy a menudo. Vaya por delante que no conozco a nadie de ninguna inclinación política ni condición humana que esté a favor de la guerra ni que se muestre insensible, por ejemplo, a la muerte de un crio consecuencia de la misma, ni tan siquiera por otra causa. Por tanto, rechazo que cualquier formación se haga propietaria y portavoz en exclusiva de ese mantra y grito en su contra. Y, naturalmente, mi postura personal disidente en cuanto a que se le hayan concedido galones para establecer un orden mundial a capricho a un personaje de color naranja marchito que en su delirio, y avalado por un narcisismo caduco con metástasis y déficit de equilibrio como trastorno licenciador, exige que cada vez que entone canto, el resto le toquen las palmas. Por otra parte, no llego a comprender el papel que desempeña su oposición patria para concederle tan extrema autoridad; vamos que no pondría impuesto arancelario a una de esas mociones de censura que somos capaces de fabricar para aplicarlas en, también democrático, suelo yanqui. Tampoco voy a negar que a mi nivel de entendimiento me bloquee y no comprenda cuando el país agredido, con la justificación de “legítima defensa”, presuma de tener a 14 millones de compatriotas dispuestos a entregar la vida por la causa y aliste a criaturas de 12 años, más por iniciativa propia que por exigencia de guion o del enemigo, que sirvan para avivar la barbarie, de nutriente y agigante el matadero.¿ En serio no hay musculo diplomático, negociación posible ni ninguna alternativa capaz de evitar semejante sacrificio? . Adosados al miedo (auténtico filón) como piedra angular, en este contexto, se evidencia que tanto el dominio de la energía como el impulso y desarrollo armamentístico son los negocios más fértiles y lucrativos que existen; y sus consecuencias, las demostradas y las potenciales, como ya pasara con la pandemia, nos recuerdan nuestra multitudinaria vulnerabilidad y dependencia.


Pero vayamos a nuestra expresión y andanza casera. Aunque me suscriba al grito, no atisbo que tenga pureza en el manoseo que en ejercicio y maniobra exhibe el gobierno; no veo que Sánchez ni su ejecutivo pretendan evitar las terribles consecuencias de una guerra, aunque por supuesto les creo contrarios a su desarrollo, sino que buscan rentabilizarla a nivel doméstico. Pudiendo coincidir en la esencia, aún con puntuales discrepancias o matices en lo circunstancial, la derecha, además de no saber dar respuestas liberales a las nuevas demandas de la ciudadanía ni al tránsito generacional, no aprende ante una de las especialidades de la izquierda: a nivel social se hace propietaria del relato o del debate y les saca ventaja; así pasa, por ejemplo, además de con las guerras, con las referencias de inmigración, mujer, aborto, igualdad o derechos arcoíris. La estrategia, en su éxito y sin mucho vigor, logra embarrar y embadurna a la diestra, reduciéndose con simplicidad a perfiles tipo “pues nosotros sí y ellos no” o viceversa, y “o eres de un equipo o eres de otro”, que no precisa mayor argumentario y atesora la energía suficiente como para envolvernos y animarnos para participar en el juego; compartir equipación no les es tan rentable como la división, la agitación y el enfrentamiento. Aquí es donde, por ejemplo, debemos enmarcar la recuperación del recuerdo de Aznar en la guerra de Irak (2003) y de las decisiones de la mano de Bush. El mensaje implícito es “como lleguen estos al poder os llevarán a guerras”, de la misma entraña y estrategia con que se alude al fascismo, “con nosotros estáis seguros; si no nos elegís, estos os devolverán al blanco y negro y a aquella franquicia”.

La erosión domestica en torno a nuestro presidente es manifiesta e insostenible y, como ocurre en las elecciones autonómicas que se van sucediendo, toda su exposición pasa por examen hacia su figura y escisión de partido, no a la formación matriz. Aprovechando la solapa del interés nacional por convicción y escarmiento, que se da por hecho y que no precisa de su convencimiento ni liderazgo, en la guerra está teatralizando la distancia con Trump y, en su sobreactuación, busca un antagonismo que le “herramiente” en nuestro territorio y, ante la necesidad de oxígeno, permita encontrarlo en un plebiscito moral que oculte su desgaste. Su juego y eficacia a nivel internacional consiste en incomodar lo suficiente como para que España parezca la Arcadia de la paz y la convivencia, él su heraldo, y ganar un prestigio que pueda contagiarse brotar en nuestra tierra; tarea complicada de colar cuando, aquí, todos sabemos que su objetivo principal es permanecer en Moncloa aunque sea en estado vegetativo. En esa interpretación, el 5 de marzo, con rigurosa solemnidad y firmeza grita a los cuatro vientos que “La posición de España se resume en 4 palabras: No a la guerra”, por lo menos hasta que pasen las elecciones en Andalucía. En 26 horas dio el viraje acostumbrado y nos alistó en una misión francesa para proteger en Chipre la frontera europea, mandando nuestra mejor fragata (la “Cristóbal Colón” F-100) con 190 efectivos y, en esos primeros días, de las bases de Rota y Morón salieron más de 20 aviones para atacar Irán. ¿No a qué guerras y a qué genocidios; en nombre de qué intereses y de quiénes o en contra de qué líderes y de cuáles a favor? ¿Quién decide? A ver si va a resultar que Putin es inofensivo, es mejor persona que Trump y está mejor amueblado. No a la guerra, pero invertiremos y nos armaremos hasta los dientes reglamentariamente según nos digan por si un día el iluminado de turno que nos gobierne, con aleación trumpiana, decide lo contrario sin importarle un socieda disidente o porque, por pertenencia así lo comprometa o recomiende la organización, unión o alianza con otros países. Antes de que nos reventara ¿Cuántos españoles como nosotros, al final en uno u otro bando, estaban a favor de la Guerra Civil? Yo apuesto que ninguno.

Mucho no a la guerra en 4 palabras, pero a Ucrania enviamos armas y aportamos subvención que, con defensivo etiquetado y excusa, sirven igual que las de ataque y respectiva financiación para destruir y matar personas y que, de alguna manera nos hace participes en la misma. Recuerdo como, hace apenas un año, todo el Viejo Continente estaba patas arriba “acojonado” por Putin, por sus decisiones y lazos… y la presión reincidente, esfuerzo diplomático y exigencia al Parlamento Europeo por parte de nuestro gobierno se reducía a mendigar oficializar el catalán aunque tuviéramos que pagar nosotros los pinganillos de todos los eurodiputados. Sí, mismo gobierno al que, con la que está cayendo, ahora le parece bochornoso y penoso que le recuerden los pleitos domésticos que les compromete. Algo parecido ocurre con el rechazo al genocidio; con estruendo al de Gaza, pero silencio, guiño y complicidad en los genocidios mudos de Venezuela, propia Irán hacia los suyos o ante la situación de una Cuba a punto de implosionar. Es en las tiranías en ciernes donde y cuando hay que exhibirse contrario, insistir y picar piedra para que ni maduren ni se enquisten y no haya que tirar de “noes” a las guerras en cuatro palabras … huecas. Completemos la obra anunciando que nos desarmamos, que nos alistamos al eslogan” paz y amor”, que nos salimos de la UE y de la OTAN y, para hundir a EEUU, que prohibimos Apple y nos pasamos al chino Huawei, que seguro que escuece vernos coquetear con el máximo rival; que echamos a las más de 3000 empresas americanas que hay en España y que sustituimos los 660 McDonald´s y 1000 Burger King que hay en nuestro territorio por 1660 puestos de perrunillas y aguardiente. Que se fastidie el planeta yanqui, en seis palabras…    

  

CRISTINO