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… Y PELILLOS A LA MAR

  Sobre la ley, el Artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario permite la flexibilización del grado de tratamiento de los internos con el objetivo de reinserción mediante un plan individualizado sin necesitar la progresión definitiva de dicho grado. Facilita adaptar la pena a la evolución del preso permitiendo salidas para trabajar o estudiar, aunque obligando generalmente a pernoctar en el centro. En la realidad, es un paso previo a la libertad condicional; un “tercer grado encubierto” que se utiliza para adelantar beneficios de semilibertad. Y en manos del gobierno, se traduce al pago por servicios prestados, satisfacción de condiciones y factura por apoyo recibido para explayarse en Moncloa. De las 35 aplicaciones de dicho artículo, treinta (el 85%) recayeron en miembros de la banda terrorista y, a descaradas cuentagotas, quizás precipitadas por la incertidumbre de próximos comicios, presumiblemente irá beneficiando a los 125 etarras que aún siguen en prisión (121 competencia del País Vasco y 4 de Navarra).

Mientras nos cegaba la financiación singular de Cataluña y la amnistía del procés, con paciencia y afanado hilvanado, ya con todos acercados a “sus cárceles”, Bildu iba tejiendo la de “su peña”. Así, ya cosido y con asegurada resistencia, miembros ilustres y de jefatura de la talla de  Txeroki (396 años de condena por 22 intentos de asesinato, cumplidos 17 y 4 meses); Jon Bienzobas  (asesino de Tomás y Valiente, 266 años de condena) o Soledad Iparraguirre  “Anboto” (Acusada de 14 asesinatos, responsable de 6 y condenada a 881 años) ya gozan de este régimen  y  la  agencia vasca de reinserción Aukerak  asume la cobertura , presentada  como condición, de  proporcionarles  el trabajo requerido para salir. Rebozados en el blanqueo, jaspeado con confeti y serpentina, ya solo faltaría transmitirlo como un esfuerzo y ejercicio ejemplar de convivencia que maquillara los visos de “y pelillos a la mar” sin que importara ni el dolor sembrado ni los 379 asesinatos que aún faltan por esclarecer su autoría.

Así, el Gobierno Vasco ha creado unos talleres enmarcados en el Programa de “Justicia Restaurativa”, que reúne en las cárceles vascas y en un caserío a presos de ETA con víctimas de la organización. Ya han participado 20 reclusos y 14 víctimas (heridas o familiares de asesinados). De la organización se encarga el Instituto de Reintegración Social de Euskadi (IRSE-EBI), una asociación sin ánimo de lucro que desde 2023 ha ingresado cuatro subvenciones nominativas por valor de 235.000€. El deslumbrante titular reza que busca que ambas partes se conviertan en sujetos activos de la propia evolución personal, grupal, social y política; la participación transgeneracional y potenciar la explicación frente a la justificación. Consta de tres fases:

1ªPresos y víctimas se reúnen por separado con los mediadores y redactan sus sensaciones. Los mediadores entregan después esos escritos al otro grupo como ejercicio preparatorio para la segunda fase.

2ª “Círculos restaurativos” en los que víctimas y presos se ven las caras.

3ª Actividades conjuntas en jornada de hasta 9 horas en un caserío y paseos por sus parajes en que se recomienda que hablen de otras cosas y surja “buen rollito”.

¡No! no quiero llevar a debate la justicia que se debería aplicar a estos asesinos, ni la utopía de la ejecución de una posición visceral que, suavona, se satisfaga con el cumplimiento íntegro de unas condenas para las que necesitarían unas cuantas vidas más. Personalmente, arrinconando mi moral de sofá y de barra de bar, cedo la autoridad y me posiciono desde el respeto en el impulso y decisión de quienes realmente han habitado en el dolor causado.

Simplemente tres reflexiones…la primera, y así evidenciada, tanto esta amnistía como la del procés han sido fundamentales y determinantes para el alzamiento del gobierno. Más allá de respectivos nacionalismos, ni la una ni la otra fueron incluidas en programa electoral alguno para seducir al electorado a sabiendas que reduciría considerablemente las posibilidades de éxito que condujeran a Moncloa. No voy al extremo de que se invaliden, pero sí de que se incluyan y a ver qué pasa; somos un país que presume de democracia, pero no hemos decidido sobre ello y se ha permitido el ninguneo al Poder Judicial, el zarandeo de la Constitución y nuestro sometimiento con su imposición, que no son exactamente expresiones democráticas.

Así, por ejemplo, ha imperado la elección de 335.159 votos (6 diputados) alcanzados por Bildu, sobre los 8.160.837 (137 diputados) de la formación más votada en las elecciones de 2023. No estaría de más que se creara una ley que impidiera a un partido que por intereses propios (y apropiándose de nuestra licencia en el intento de hacer creer que son los intereses de todos), tomar decisiones sobre asuntos que no contemplara en el programa inicial con que se presentara y pretendiera gobernar y, mucho menos, incluso habiéndose manifestado contrario a su tolerancia.

Y una vez evitado, con alarde democrático, ahora sí, emplazarle a incluirlo en próximos comicios y que la gente elija.  La segunda reflexión y en aras de esa recurrente convivencia que tanto parece preocupar, pero que no pasa de deficiente excusa y hueca justificación, sugerir que de la misma manera, con misma discreción y expectativa de éxito sin paliativos que nos harán cree con la brillante idea de juntar a etarras y víctimas en un caserío, se haga o aplique con fachas y progres; fascistas y antifascistas; entre cristianos y musulmanes… o con racistas y sus víctimas. Si el modelo es de tal garantía, alcanzaríamos la convivencia plena y todo solucionado. Ejemplo de sociedad… así, clandestinamente, sin enfoque mediático o altavoz y sin la necesidad de dividirnos o enfrentarnos unos a otros. ¿Por qué no se organiza una fiesta de pijamas entre franquistas y republicanos y zanjamos de una vez por todas la Guerra Civil…y pelillos a la mar?.

Es curioso, paradójicamente y a nivel doméstico, ese ejercicio transgeneracional que aportara calidad o enriqueciera a la convivencia   ya lo aplicaron gratis nuestros padres y abuelos durante la agonía de la dictadura, y en la celebración de la democracia, sobre aquellas generaciones de los 70 o los, en todos aquellos que crecimos, desarrollamos y cimentamos en esas décadas. Un servidor recuerda no haber tenido jamás en cuenta el bando de origen o de pertenencia familiar de los amigos que se echaba, de sus vecinos, de las relaciones que establecía, de la chica que le gustara o de un compañero de clase, ni en adultez en el trabajo ni hacia nuevas avenidas afectivas. Más aún, ni siquiera preguntábamos o hablábamos sobre ello porque seguramente desde casa se nos intentaba proteger e impedir la intoxicación y siembra de ese odio corrosivo de los que tantos han hecho y están haciendo profesión y fortuna… precisamente vulnerando, dinamitando la convivencia, despertando miedos con etiquetados y recuperando brotes que se han decidido que tienen que estar frescos y que no merecen el mismo privilegio o tratamiento en un caserío.

Me preocupa que el mensaje que se transmita sea que ha habido muertes, más recientes, que sí nos han merecido la pena y son justificables frente a otras, más pretéritas, que ni por asomo; al contrario, son recurrentes y se perpetúan en su uso y estrategia sirviendo de recurso o comodín para que a través de la división conduzcan al poder e invente o endulce nómina. Por último, entendiendo que los nacionalismos tienen mucho de fábula y que necesitan quien la certifique, ignorante de mí, soy incapaz de mentar o exponer la exclusividad de un agravio de que sean víctimas o denigre respecto a los demás. Tanto como todo lo que nos enfrenta y divide, en su conjunto es de “elaboración casera” y en absoluto biológico… y es desde ahí, donde reside nuestro gramo de esperanza, desde donde se pueden crear procesos de cambio.      

CRISTINO