ARTICULO 170
Nuestra Constitución, ley fundamental, se compone de un preámbulo, 169 artículos repartidos en un título preliminar y 10 títulos numerados; 4 disposiciones adicionales, 9 transitorias, una derogatoria y una final. Según el artículo 113, el Congreso de los Diputados puede exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la adopción por mayoría absoluta de la moción de censura, que debería ser propuesta al menos por la décima parte de los diputados y la inclusión de un candidato a la Presidencia del Gobierno. Así, en dos sesiones plenarias celebradas el 31 de mayo y el 1 de junio de 2018, tuvo lugar la cuarta moción de nuestra historia política y la primera en prosperar… que provocara la dimisión del gobierno de Mariano Rajoy en cumplimiento del artículo 114, que reza que si el Congreso adopta una moción de censura el gobierno presentará su dimisión al rey y el candidato incluido en aquella se entenderá investido de la confianza de la cámara a los efectos previstos en el artículo 99 (una vez otorgada la confianza al candidato, el presidente del congreso lo comunicará al rey a los efectos de su nombramiento como presidente del gobierno).
Felipe VI nombraría presidente del gobierno a Pedro Sánchez y acarrearía su investidura. El motivo (señuelo) un gobierno saliente acechado y acorralado por la corrupción; ¿las entrañas de las intenciones del entrante? hacerse con la propiedad de dicha corrupción y con el poder para su uso y disfrute. Decisión que deberíamos bendecir si fuera para ponerla fin, pero nunca para darla continuidad teñida de otro color. En aquellas sesiones tuvo gran protagonismo un tal José Luis Ábalos, Diputado desde 2009, “el incorruptible y ejemplar decente”, entonces Secretario de Organización del PSOE, a la postre “gallo imperial”, extensión de Sánchez y futuro ministro del sabrosón ministerio de mayor presupuesto y con más facilidad de maniobra corrupta.
En su oratoria, henchido desde el estrado del Congreso dirigiéndose en particular a la bancada azul, en general al país entero, y “en defensa de las libertades, la ética pública y ejemplaridad”; además de ésta, soltó otras perlas como “La decencia debe ser algo esencial, no algo accesorio” o “en nuestro partido existe un código ético y un procedimiento exhaustivo de seguimiento”. Ya en alusión al caso Gürtel, con Mariano como diana: “ante esta realidad que lo dice todo el mundo dentro y fuera de esta cámara, dentro y fuera del país, no ha tenido ni la decencia política de por lo menos dimitir”.
Hasta esta fecha, obviando los actuales y presuntamente, el personaje ya acumulaba “méritos” en su currículum como gran captador de subvenciones y fondos públicos a través de su ONG Fiadelso (Fundación internacional de apoyo al desarrollo local y social) destinados a la población vulnerable; así iba colocando a sus mujeres y parientes, se construyó un chalet de 900 metros cuadrados en Chimbote (Perú) valorado en 1,2 millones y ocultó la propiedad de un local comercial de 187 metros cuadrados sin distribución interior en Valencia que hacía las veces de sede; durante los 8 años de Zapatero recibió subvenciones por un valor de 5,5 millones y otras de los ayuntamientos de Liria (Valencia), Santa Pola (Alicante), Diputación de Valencia, Ejecutivo de Castilla La Mancha y del Fons Valenciá por la Solidaritat.
Las mismas razones que entonces justificaran la aprobación, moción y derrocamiento de un gobierno no lo son en la actualidad para tumbar a otro evidenciado de igual manera; y no lo son porque el Congreso no está a favor en su mayoría; lo que quiere decir que la aceptan o les interesa que así sea… y, efectivamente, les interesa “metastasicamente” en todos los parlamentos del color que sean de nuestro territorio para según poder o cargo, y según les sea asequible, obtener beneficio propio con la corrupción como lanzadera y panacea. Este es el nivel y manos en que estamos. Hervideros donde cuece la prevaricación, el cohecho y la malversación sirviéndose en formato “barra libre” como autoservicio, con el impulso e ímpetu del poder ejecutivo y legislativo y a saber si cuajando en el judicial allá donde se ejercitan; que son precisamente quienes deberían impedirlo, evitarlo o no darlo oportunidad. Sea como fuere, aunque de puertas para adentro la baba, relamido y frotación de manos les mueva, de cara a la sociedad unos y otros presumen de decencia y rechazan tanto la corrupción propia como la ajena (con más estridencia, eso sí)) con recíproco señalamiento e implícito reconocimiento en el recurrido “¡anda que tú!”. Es por ello que, para prestigiar esas condenas, deberían satisfacer nuestra exigencia ampliando la Constitución (no reformándola) con la redacción de un artículo nuevo: ¡el 170!.
Que se expresara de la siguiente forma: En caso de corrupción manifiesta y demostrada por parte de cualquier representante político y de cualquier parlamento, el partido al que pertenezca sería sancionado con la retirada de 15 diputados y 10 senadores en caso de haber sido elegido en Cortes, o de 5 si formara parte de otro Hemiciclo territorial; pasando dichos escaños a ser ocupados por el partido mayoritario que ejerza la oposición en ese momento. Por su parte, el individuo evidenciado como corrupto, sin ser eximido de cárcel si así lo mereciera, sufrirá el embargo de todos sus bienes y de los de familiares de hasta primer grado, teniendo en adelante la prohibición de ocupar cualquier cargo público u ocuparse en cualquier actividad laboral dependiente de la administración pública. La medida solo se aplicaría a nivel individual si fuera la formación a la que pertenezca quien lo denunciara antes de salir en los medios o hacerse eco cualquier otro tipo de investigación. En el caso que la corrupción fuera encadenada y vislumbrara una organización con mayor participación, a las propuestas se añadiría la prohibición de presentarse como partido en próximas elecciones y a nivel personal, de por vida, en cualquier otra formación existente o de nueva creación ¡Hala, solucionado! Están tropezando continuamente con la misma piedra y… se están encariñando con ella; peligroso que lo normalicemos.
Cristino
Escríbenos