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KLEPTEIN VS DEMOS


Al hilo de lo expresado en el artículo anterior en que hacía referencia a la reducción a dos opciones entre las que nos imponen que debemos elegir de cara a las elecciones del 29N (Ola ultraderechista y corriente progresista con adorno climático medioambiental) cabe la posibilidad, más preocupante, de que realmente entre lo que vayamos a elegir, según la deriva a que se nos arrastra, sea entre Democracia y otra cosa o sistema que excusado o necesitando de ella nos someta para no parecer sospechosamente cosa distinta. Me explico, todos sabemos lo que es una DEMOCRACIA, nos llega del griego demos (pueblo) y kratos (poder o gobierno); un sistema de organización social y política en el que el poder reside en el conjunto de la ciudadanía donde la autoridad del gobierno nace de la voluntad de los ciudadanos, quienes participan en las decisiones colectivas de forma directa eligiendo a sus representantes. En la práctica, igualdad ante la ley, libertad, pluralismo y respeto a las minorías… y donde los gobernantes tienen límites temporales en sus cargos y deben rendir cuentas a la sociedad, evitando así dictaduras o tiranías.

Parece que nos ha tocado una de “garrafón” (como nos tocó con la II Republica) y, en mi opinión, no se ajusta a la voluntad de la ciudadanía en cuanto que ésta puede optar en elección por un seductor programa que apunta a satisfacer nuestras necesidades y luego no se cumplen o se le añaden otras decisiones con más brío necesarias para alcanzar el poder al precio que sea, a las que ya llegas tarde y que de haber estado programadas quizás les hubieras negado confianza… tales como pactar con proetarras (Bildu) o con extremos tanto de izquierdas como de derechas (Podemos y Junts respectivamente) que se repudiaban en el guión inicial… y que, por otra parte, tampoco parecen gran obstáculo o tienen mayor importancia si a nivel doméstico la llegada a fin de mes es digna e incluso gratis. En consecuencia, se nos miente a todos, particularmente se engaña a quien te alza al poder y en conjunto se nos conduce, como obediente ganado, hacia una tiranía encubierta… donde al final, más que cambiar cosas, lo que realmente has decidido es a quien rendir servidumbre.

“La otra cosa” a la que aludía como alternativa a la democracia, si bien la necesita como llave y se las apañan para convivir, es la CLEPTOCRACIA, que generalmente se decide involuntariamente, sin intención e inconsciente de ella, pero en nuestro caso y por evidencias es más que presumible que, de repetir oportunidad, quien con maestría y sin rubor la ejerce siga teniendo continuidad y rienda suelta. Por supuesto, es muy golosa y susceptible a todos los colores en liza. Etimológicamente, también de origen griego, de kleptein (robar) y kratos (poder o gobierno). Por definición, no porque yo lo opine, se trata de un sistema de gobierno en el que las autoridades y las elites políticas priorizan su enriquecimiento personal a costa de los bienes públicos. Se caracteriza por la Institucionalización de la corrupción: el robo de recursos del Estado no es un caso aislado, sino la norma del funcionamiento político y económico; por la impunidad : El sistema judicial, las fuerzas de seguridad y las instituciones de control están cooptadas o corrompidas, lo que evita que los delitos sean investigados o castigados; y por otras prácticas asociadas con acompañamiento habitual de nepotismo (favorecer a familiares) clientelismo político y peculado (apropiación indebida de fondos públicos). En consecuencia y como impacto social, al desviar el dinero destinado a la sanidad, la educación, las infraestructuras o la seguridad, se debilita el desarrollo económico y se socava la confianza en la democracia. En serio ¿no os suena?.

Me consta que muchos pensaréis, pero si da igual Cristino, si no son estos lo harán otros… y seguramente tengáis razón; pero hay una diferencia clara, sin tirar de archivo, unos están demostrados y otros están por ver. La fatiga es experta, pero tremenda y corremos el riesgo de un desgaste que dé licencia a la normalización y a que se exhiba con naturalidad… y este camino normalizado compromete nuestros futuros y ya sin disimulo se ensañará con el de nuestros hijos y jóvenes. Es muy preocupante que en aras de ella el éxito de un gobierno se fundamente y sustancie en la fractura social, en la división y la agitación… y, sobre todo, en un enfrentamiento civil donde somos “los tontos necesarios” y las herramientas perfectas para hacerles el trabajo sucio.

Cambiando de tercio, pero que guarda relación trascendental, quiero detenerme en una jugada estratégica del muestrario de esta campaña electoral a la que no damos importancia y está desenfocada porque razonablemente lo que más nos interesa es el tema de la vivienda, las pensiones, con quien conservo una subvención, sanidad, educación… vamos, todo lo reglamentario y tradicional de campaña enarbolado con promesas huecas.

Me refiero a las maniobras para apropiarse del Tribunal Constitucional, compuesto por 12 magistrados: 4 los elige el Congreso de Diputados, 4 el Senado, 2 el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en los tres casos por mayoría de 3 quintas partes de los “elegidores”, y 2 el gobierno. En la actualidad 7 están etiquetados de progresistas y 5 de conservadores; es decir, se vinculan a izquierda y derecha respectivamente y especialmente en las dos últimas legislaturas ha servido de rodillo e invadido las decisiones del Tribunal Supremo. Gobierno y oposición están más preocupados en ese engranaje y en pactar para llevarse el “gato al agua” con los que son decisión del Senado, que por solucionar nuestro relatario de problemas o por apagar el fuego de las calles, del que son fuelle, lo que me parece significativamente sospechoso. Mal tanto por unos como por otros, refleja por ambas partes la importancia de sentirse representados y comandando la Justicia para su manoseo y servicio… aunque los dos, recíprocamente, lo justifiquen por marcar, vigilar y evitar el “libre albedrio” del contrario.

No digo en el control del colectivo Poder Judicial, del que el Constitucional no es órgano, pero sí en cuanto a permitirse como siervos del gobierno a tenderles alfombra en según qué decisiones, como por ejemplo respecto a la ley de amnistía y blanqueo del Procés o como se ha intentado con la ley de nietos, cuyo hedor ya era nauseabundo y aconsejaba una vía de salida de gases para disimular tiranía. Es lógico pensar que si la aspirante diestra se hiciera con la mayoría también la utilizaría para sus intereses y para defender su corruptela si la hubiera.

Y ahí es donde quiero llegar; para que la Justicia se pueda expresar como tal e igual para todos en ejercicio y sin depender de nadie no entiendo que obligatoriamente este sea el sistema, obviamente adulterado. A mí personalmente me da igual la ideología con que se identifiquen los magistrados en sus ratos libres y a quien voten, pero ese poder debería estar protegido y representado por los mejores, los más capaces o competentes en su profesión y con desarrollado sentido de justicia sin llegar a agrietarla ni erosionarla. Por tanto, creo que la elección de los magistrados de los diferentes tribunales de justicia, fundamentales para fortalecer una democracia, deberían ser resultado del mérito y de la decisión exclusiva del Poder Judicial sin ningún tipo de intoxicación política… sostenido a través, por ejemplo, de una oposición, de evidencias y de experiencia. Como vengo diciendo en esta sección, no cabe duda que en estas elecciones nos jugamos bastante más de lo que nos jugamos siempre y la responsabilidad de cada uno tiene un extra de presión y trascendencia… y exige afinar puntería. Cada uno, por supuesto, eligiendo a quien crea conveniente y según como particularmente le venga. Al final la ideología acaba siendo lo de menos, y ellos lo saben.

CRISTINO