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Del fondo buitre…a otros buitres en el fondo (1ªparte)

El pasado 24 de septiembre nos explosionó mediáticamente e implosionó particularmente en nuestros adentros la imagen de una mujer de 87 años sacada en camilla “de su casa” confirmando un triunfante desahucio exhibido como paso semanasanteño capricho de “fondo buitre”, su nombre: Maricarmen. Desgarrador, por supuesto. Partiendo de que, más allá de la ideología que seduzca a cada cual, con seguridad y en coincidencia (circunstancia que por no dividir carece de interés político) nos afectara y agrediera por igual dicha escena, la IMPLOSION aderezada de efímera rabia e indignación se nos pasará (¡somos así!), pero nos debería invitar a una reflexión sobre el valor real de nuestras elecciones y sobre nuestra involuntaria complicidad.

Me explico, todos podemos pensar lo mismo sobre una situación, pero cuando votamos no tenemos ni la energía ni el poder de cambiar este tipo de situaciones, como tantas otras que nos azotan, tenemos en preocupación y nos ponen patas arriba; en consecuencia, nuestro voto es más estéril que fértil y solo sirve, o sobre todo, para elegir a quien rendir servidumbre y tender alfombra… a rojos, azules o a color que cuele. Es muy posible que si realmente nuestro voto sirviera para cambiar realmente las cosas, no nos lo concederían. Por otra parte, la complicidad comprendida desde el punto de vista de que el desahucio es una decisión con formato de aplicación de ley, mejor o peor, y ello es tarea de un poder legislativo que está formado por quienes nosotros hemos elegido libremente para que nos representen: tenemos cierta responsabilidad. Este episodio es un problema de sistema y nosotros somos parte necesaria del mismo… a veces sin darnos cuenta como virtuales verdugos y casi siempre como sólidas victimas.

Por otro lado, está la EXPLOSION de esta “perfomance” y el uso político depredador que se está haciendo de un problema general extremadamente serio y grave, con visos de desesperación, como es la vivienda y que justifica la agitación social…y el uso a exprimir que se está haciendo de un drama particular o personal. En esta ocasión, jaspeado de connotaciones que elevan emociones y sensibilidad, elegido estratégicamente entre miles como herramienta de entraña espuria con galones de símbolo; con pretensión de permanencia (al menos una legislatura), con capacidad de dividir y exigencia de elegir bando; con ambiciones ajenas al drama en cuestión y susceptible a nuevas posibilidades u oportunidades…renovadas babas y frotación de manos. También pasó respecto a Gaza y también pasa en color verde, recordemos la que se armó tras la agresión que recibió en julio de 2025 un hombre de 68 años (Domingo Tomás) por parte de un magrebí en Torre Pacheco.

Recuperando el caso que nos ocupa, entre esas oportunidades, desviar la atención de Ceuta y de los casos de corrupción que afectan al gobierno, desgastar al adversario y la posibilidad de resurrección del espíritu del 15M, noble y creíble en según qué reivindicaciones, que podrían ser propias de cualquiera más allá de ideología, pero que insiste en dar su propiedad precisamente a quienes por “coherencia espiritual” deberían desahuciar de tal protagonismo: a los mismos de entonces, en el fondo buitres, esperando sino premio gordo, al menos pedrea. Pero esta vez, aunque venidos a menos y a pesar de idénticos delirios, con sus vidas solucionadas y necesidades cubiertas, que ya evidenciados y superado rubor les resta y alivia presión. Que junto a su contribución a la gestación y crispación del momento y panorama actual, el más delicado de nuestra democracia, representan la principal aportación y servicio de dicho movimiento. Me identifico con la indignación de las personas que sin intoxicación, sin gramo de violencia y exponiendo lo mejor de sus almas se manifestaran en diferentes puntos del país, pero no puedo evitar caer en el error de reducirme y arriesgar a etiquetar por su apariencia como reales o potenciales okupas a no pocos de los que exhiben rabia en el umbral de la casa “de la desahuciada”. Entonces, al mismo tiempo que espero que ese reconocido error por mi parte sea convalidado y disculpado con la misma indiferencia con que yo sería capaz de disculpar el apelativo que ellos me adjudicaran si leyeran este artículo o simplemente si portara una pulsera patria… me surgen preguntas como si tendrían la misma sensibilidad o en cuenta las circunstancias de la victima de turno a la hora de okupar un inmueble; también por como tratan, atienden y cuidan a sus respectivos mayores y la preocupación que les suponen… y, claro, doy por supuesto que si ellos fueran propietarios de una vivienda que quisieran alquilar y debieran elegir entre un hipotético candidato dispuesto a pagar 1800€ y una aspirante del perfil de Maricarmen que ofertara 400, le entregarían las llaves a ésta.

Así, ridícula y patética, lejos de la admiración pretendida, la intervención y puesta en escena de ilustres rojos de jabugo intentando lucir una engreída superioridad moral, con protagonismo singular del hermano opaco de Bardem llamando “Paquita” a Maricarmen y con una Ana Belén sobreactuada recitando el poema “Desahucio” de Rafael Alberti: “Ángeles malos o buenos, que no sé, te arrojaron en mi alma, sola, sin muebles y sin alcobas, deshabitada. De rondón, el viento hiere las paredes, las más finas, vítreas láminas. Humedad. Cadenas. Gritos. Ráfagas. Te pregunto: ¿Cuándo abandonas la casa?” ¡Menudo subidón de ánimo!; vamos, como si en aquel fatídico 26 de septiembre de 1984 en Pozoblanco le cantaran a Paquirri el “Si te ha pillao la vaca ¡jódete!”.

En contraste con la inacción exigida a nuestros cuerpos de seguridad en Ceuta, preocupante la decisión de ordenar a la policía cargar contra la concurrencia y exhibirles interesadamente en esas lides para momento de gloria de una Irene Montero, en estaxis, desafiante y provocadora, alentando a las masas presentando su candidatura a gobernar la indignación y correspondiente movimiento que no tardarán en bautizar como 24S. No me imagino el sufrimiento insufrible por el que debió pasar el personaje cuando, poniendo en riesgo la propia y la vida de los suyos, exigió presencia policial (sus antojados “mamporreros”) para que velaran por la seguridad de su familia… y protegieran la integridad de su humilde propiedad en Galapagar. Destacable también la decisión de concentración en Martínez Campos a los pies del aticazo “de Ayuso”, adquisición turbia que por otra parte refleja su torpeza y mediocridad cuando, paradójicamente, nuestro presidente y ejecutivo se empeñan en convertirla en un monstruo político de relumbrón.

Pero sin duda y sin que ello blanquee a la Presidenta de la Comunidad, hubiera sido más acertado en cuanto a la responsabilidad que favorece el desahucio y la autoría de la ley que le avala, por sintonía y junto a la exigencia de realojar a la víctima, haberse concentrado, por ejemplo, en el número 36 de la calle Diego de León, donde las cloacas sanchistas disponían de un piso franco, por el que pagaban 3000€/mes, en el que se reunía Leyre y compañía para presuntamente establecer la hoja de ruta que eliminara a jueces, policías, guardias civiles y periodistas que no hicieran la ola a Sánchez y su séquito. O como alternativa, en la mismísima calle Ferraz, vivero de otros buitres en el fondo, donde hay un pisito de socialista titularidad, ya vacío supongo, cuya supuesta principal actividad era tejer negocio particular y amontonar joyas en una caja fuerte… o si me apuráis frente al nido de Jessi en Plaza España.

En fin, lo irónico y tristemente gracioso en esta exposición es que en medio de esta apoteosis y despilfarro de recursos colorados con reflejos morados se encontraba una mujercita descolorida , Mari Carmen, seguramente invocando silenciosamente la memoria de Franco, rezando un rosario por su regreso, con la ficticia intención de votar por su resurrección y mascullando desde el convencimiento que con él nada de esto le hubiera ocurrido y podría seguir disfrutando de la que considera su casa del Retiro en régimen de renta antigua. Redundando en el tema, en una segunda parte atenderé a la información (seguro que ya conocida) que nos ayude a comprender el caso particular y sirva para completar, documentar y contextualizar lo expresado en esta primera, así como para repartir responsabilidades. Todo ello enmarcado en el metastasiado problema de la vivienda.

CRISTINO