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BARBACID CAMPEADOR


A uno le cuesta pronunciarse sobre todo aquello que no entra en sus dominios de conocimiento y lo hace desde la información que se hace eco, con el riesgo que conlleva hoy en día; más aún, cuando no quiere creerse ciertas noticias que ponen en cuestión algo que es recibido con desbordado entusiasmo, en un país desentusiasmado, y cuando hace referencia a figuras admirables. La decepción es profunda y roza el dolor, pero a pesar de ello uno, sin agredirse a sí mismo, intenta esperar y confiar a que la causa sea mentira, se aclaren motivos, vislumbre verdad y produzca desenlace, concediendo el beneficio de la duda hacia quien te puede merecer tanto respeto y reconocimiento. Mariano Barbacid, fácilmente reconocible por la “mancha de vino de Oporto”, malformación capilar o angioma que cubre gran parte de su rostro, es un científico de renombre mundial conocido por sus investigaciones pioneras en oncología. Fue el primer director de la Institución pública CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) desde 1998 a 2011.

Hace un par de meses “avasalló” la escena pública, social y redes al exponer una supuesta terapia revolucionaria contra el cáncer de páncreas, que provoca cerca de 8000 fallecimientos anuales de habitual diagnostico tardío y presenta una tasa de supervivencia a los 5 años de un rácano 11%; se diagnostican unos 10.300 casos nuevos al año (19 por cada 100.000 habitantes), es el único tumor maligno cuya incidencia ha aumentado recientemente y mantiene cifras de mortalidad muy elevadas.

Especialmente susceptibles a temas de este perfil, siempre muy tenidos en cuenta en ese modo, ante tamaño éxito y cargados de emoción e indignación, en un suspiro todos empatizamos, profesamos admiración hacia su persona y nos himplamos de orgullo… y también aprovechamos para azotar al gobierno por regatearle recursos económicos para el desarrollo de su investigación, cuando se trata de un ejecutivo extremadamente generoso con la subvención, el derroche hacia todo lo que le pueda ser rentable en urnas y en apadrinamiento corrupto. Por supuesto que me encuentro entre esos que compartieron videos que exigían musculo financiero para su investigación. Como nos pasa con frecuencia y como tantas veces ocurre con corridas de toros con inmejorable cartel o pasa con partidos de futbol, la gran expectación acabó tornándose en decepción.

Es increíble que hasta esto nos salga mal. El bajón, por incomprensión y bajo nivel de entendimiento al respecto, nos llegó cuando salta la noticia de que la Academia de las Ciencias de EEUU, a través de su revista científica PNAS, retiró el estudio liderado por Barbacid y dos colegas (Carmen Guerra y Vasiliki Liakki). La razón obedece a la falta de transparencia al no declarar un conflicto de interés, el equipo científico no advirtió a la revista que eran copropietarios (accionistas) de la empresa Vega Oncotargets, creada en abril de 2024 junto a varios inversores para precisamente explotar comercialmente los resultados de su investigación, patente y futuro tratamiento.

Esa ocultación y correspondiente confluencia de posible conflicto de intereses es susceptible de duda. Mi primera reacción, a bote pronto y de la misma forma de que si en su vida personal se tratara de un golfo, es que ello necesariamente no tiene por qué hacerle mejor o peor científico y no debería restarle prestigio profesional, credibilidad, mérito ni reconocimiento… y que me da igual que el potencial dineral y beneficios que se generaran se los llevara su empresa o cualquier otra; lo importante es la espectacularidad de su investigación y que ese carcicoma, el más letal, deje de serlo y atisbe esperanzadora cura. Pero reconozco que ese impulso se enturbia al no ser capaz de comprender su opacidad cuando Barbacid es miembro de dicho Organismo (Academia), que le habría facilitado cobertura a falta de conseguir exponer su trabajo en publicaciones más prestigiosas, como Nature o Science; que por otra parte, ante tal logro, importancia y trascendencia es de suponer que recibieran con los brazos abiertos los resultados de su investigación para apuntarse pregón. Y, sobre todo, se enturbia más y licencia sospecha, cuando conscientemente vulnera sus buenas prácticas al no comunicar dicho conflicto de intereses, pues es poco probable que no tuviera en conocimiento el código o norma de la Academia de Ciencias en que se expresa que “Todos los investigadores deberían comunicar y justificar sus conflictos de intereses reales o potenciales. Dichos conflictos pueden ser de carácter legal, ético, moral, económico, personal, académico o de otra naturaleza.

Deberían divulgarse con anterioridad o en el momento de presentación de una publicación”, de donde se deduce que la reglamentaria comunicación de esos conflictos no necesariamente invalidaría la exposición de cualquier investigación con visos de éxito. La ya reconocida decepción no agradece el incremento de escarnio que pueda sumarse por el salpicado que, con presunto visado corrupto, le puede relacionar en participación y maniobra con la red y sombras que cubren las entrañas y gestión del CNIO, autentica joya de nuestra ciencia e investigación del que él puede ser considerado uno de sus emblemas y del que fue director durante 13 años. Es un centro que administrativamente es una fundación y recibe cada año 21 millones públicos de presupuesto. Caso denunciado que tiene que ver con un desfalco de entre 25 y 30 millones en 18 años y que ya se trató en esta sección (2 de enero de 2025) y al que, a pesar de su gravedad, políticamente ni se airea ni convulsiona por su incapacidad para dividir o enfrentar por desarrollarse al amparo de gobiernos con distinta ideología y, por tanto, dificultar la adjudicación de responsabilidades.

Aunque queda pendiente abordarlo en otro artículo, en principio implicaba a María Blasco (quien sustituyera a Mariano en la dirección) y al exgerente, de nombre Juan Arroyo, familia y a algún amigo de paso con cargo. El gerente pertenecía al círculo íntimo de Barbacid y contó con su blindaje ante un hipotético cese y otras compensaciones cuando nuestro científico estrella ejercía de director del Centro. Barbacid en sus ratos libres también es empresario y entre sus empresas se encuentra Herdon Inmobiliaria, que curiosamente comparte sede con varias sociedades de Arroyo y el hermano de éste, relacionadas con mencionado desfalco. Me repito con insistencia que… bueno, ello tampoco le hace ni mejor ni peor investigador…

Vamos a lo que en realidad importa, la pregunta es… entonces ¿cómo de avanzado o en qué fase se encuentra ese supuesto tratamiento contra el cáncer de páncreas? ¿es esperanzador o tenemos que seguir rezando para que no nos toque y afanarnos en prevención para no opositar o presentar candidatura a su calvario? Me esfuerzo en creer y me niego a pensar que su estudio e investigación sean humo o señuelo y se utilicen para orientarse o desviarse hacia otras labranzas, lucros o negocios; si así fuera: ¿Qué necesidad?. Ojalá, por lo menos y en su defecto, resultara compatible y no se viera afectado o adulterado por cualquier conflicto de intereses del tipo que fuera… y que por su hazaña y logro pudiéramos hasta tolerarlo e indultarlo con gusto. Esto es mucho más serio, delicado y trascendente que cualquier “koldada” o travesura de Ábalos, que obsequiar con máster o regalar cargos a mansalva. Pienso que todos queremos, hasta tenemos la necesidad de creer en personas de esta supuesta grandeza y talento cuyo éxito profesional nos sería sencillamente vital… qué menos por su parte que exigirse obligación moral para ponérnoslo más fácil.

CRISTINO