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Un libro y una rosa.

Para niños despiertos,
sueños sin fronteras,
aprendices de todo
cuales esponjas nuevas.
Un cuento
de ogros y princesas.
Como aquellos
de Grimm o de Calleja.

Para el adolescente,
transitorio
y vital.
Creciendo
con su tiempo,
un mar de identidad
inquebrantable
y una historia
de amor
que se despierta.
Un libro inolvidable.
Un texto
sin ambages
para la juventud.
Una evasión
directa.

Para el metro
uno de aventuras.
Para el taxista
dos de
detectives,
sombrero y gabardina.
Para la solitaria
introvertida,
uno de piratas
con sus islas,
donde el amor exista.

Un libro extravagante
que retrate
la esencia de la vida
para el lector nihilista.
Para el fiel matrimonio,
dos de cabecera,
antes de que se entreguen
en dulce duermevela,
al Dios de los sedantes
y las telenovelas.

Un libro
que se lleve,
muy lejos,
a otras tierras,
las angustias del preso,
del patio
y de las celdas.

Para el anciano
solo y aún curioso,
uno de historia.
Gestas de antepasados,
laboriosas victorias
más allá de los mares.

Y libros, muchos libros…
biográficos,
reales,
para todos
y siempre.
Antiguos,
actuales.
Fantásticos
o ciertos,
ficticios,
mentirosos.
Con un millón
de vidas,
con fantasmas
y muertos.

Y libros,
para todos,
que sanen las heridas,
adviertan ilusiones
y entierren para siempre
las batallas perdidas.

Ah!!!
Olvidaba
otra cosa….

Si regalas un libro…
Ofrécele una rosa.

Abelardo Grande