2

DESPOJADO DE ANHELOS Y AMBICIONES

Asumo mi lugar entre relojes.
Elijo mis momentos cotidianos.
Escucho mis canciones.
Intento convivir con mis errores.

A veces, sonreír es un consuelo,
bálsamo que alivia desamores,
adaptando mis pies a estos lugares
pertinaces, a veces, agostados,

polvorientos y ocres,
de días tan iguales…
Otras veces, lluviosos de borrasca,
grises, plomizos y callados.

Acompaso mis pies…
Disfruto del lugar,
como del esplendor
sin par de los diarios,

de la inquietud vital y sus cuidados.
Gozando del paisaje y sus entornos,
camino por las palmas de mis manos.
Me siento tranquilo, reposado.

Me sirvieron los dedos
para colmar de lazos
los dedos de otras manos;
para llenar de estrofas

y sílabas los versos.
Pasaron por mis dedos
los dígitos alados.
Agradezco la paz que hay en mis manos.

Siento alegria por todo lo que fue,
por lo plural,
pretérito imperfecto.
Paseos del otoño entre las hojas.

Disfruto recordando lo que tuve.
¡Tenía tantas cosas!
Sonrío con alivio y desahogo
a lo imposible,

al tiempo dominante, sin retorno.
No hay nada eterno.
Elijo mis momentos cotidianos.
Escucho mis canciones.

Consigo convivir con mis errores.
Tengo un cajón repleto de relojes.
Espero al mes de abril
y al canto del arroyo entre las flores,

despojado de anhelos y ambiciones.

Abelardo Grande