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DERECHO A VIVIR EN PAZ

 

Empezar de nuevo es hoy
aquel vértigo sin bridas
empecinado en brillar,
es caballo desbocado,
fuerte como el huracán
que rompe el hilo del tiempo,
rememorando el olvido
que no se puede borrar.
Cuesta crecer y soñar;
cuesta creer que los años
abonados por la paz
hoy se ven zarandeados
sin motivo racional.
Difícil es de explicar
que se presenten de golpe
y casi sin avisar,
como improvisado eclipse,
aquellos que no se sabe
muy bien lo que buscarán.
Ni sé si son trigo limpio,
ni si serán de fiar.
Van cultivando la guerra
en el nombre de la paz.
Y nosotros como siempre,
siempre en el mismo lugar.
Cuesta crear una elipsis,
un equilibrio, una idea
capaz de estabilizar
un planeta a la deriva
tras un naufragio en el mar.
Han pasado muchos siglos.
Seguimos allá, muy lejos,
en aquel mismo lugar,
en el punto de partida,
en el origen, sin más.
Convivimos aturdidos,
como volviendo a empezar,
con el vértigo salvaje
que se ha empeñado en brillar.
Traiga mensajes la tarde
de calma y prosperidad.
Traiga reflexión el tiempo;
vivamos en hermandad,
que aquí nadie es más que nadie.
Que a los fantasmas, sin más,
se les vislumbra de lejos
y no se les deja estar
entre las gentes tranquilas
que tienen que madrugar
para llevar a sus casas
ese pedazo de pan.
Y nosotros, como siempre,
siempre en el mismo lugar,
resueltos y comedidos,
firmes ante el galopar
de alazanes desbocados
que se empeñan en saltar
las leyes y aquel legado
que nos permite ondear
la bandera del respeto
entre los pueblos, si más.
Estandarte del talento,
pendón de la humanidad.
Que un caballo espoleado
por un jinete falaz,
jamás se puedan saltar
lo que los hombres crearon
para convivir en paz.

 

Abelardo Grande