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Undécima y duodécima.

 

Llega otoño y reflexiono.

Es tiempo de revisar,

oscurecer o irisar,

la vida según el tono.

No caiga en el abandono

quién sus pasos examina.

Sea fuerte como la encina,

duro como el pedernal,

noble como aquel metal

que nunca se contamina.

 

Contemplar lo caminado,

sin compararse con nadie,

dejando que el alma irradie

lo que se acierta y lo errado.

Ni envidioso ni envidiado.

Salir a la luz del día

a pesar de la atonía

de los miércoles oscuros,

faltos de fe y de conjuros.

Poder silbar de alegría.

Abelardo Grande