2

Soneto Optimista

 

Defender la sonrisa con los dientes

cuando la sombra invada los sembrados

y un galope de potros desbocados

quiebre el lento medrar de las simientes.

 

Hay que entonar el son de los valientes

cuando la pena se hunda en los costados

tornando en sinuosos y empedrados

los caminos, otrora complacientes.

 

Hay que salvar la risa del abismo

una pizca de amor y de locura

unas gafas de aumento y optimismo.

 

Una larga cambiada a la amargura

un dedo corazón sin eufemismo

alta al frente y recta la figura.

Abelardo Grande