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Las musas y yo

 

Llamé al monte de Helicón,

donde las musas residen.

Como poeta modesto….

Y por saber si coinciden,

mis versos y la alegría.

Quise saber si eran ciertos

mi elaborado trabajo,

su luz y mi desconcierto.

Mi paz y su libertad.

Por una vez en la vida

me enviaron cuatro musas.

No sé cuál fue más querida.

 

La una me dijo: ahora voy

aún la estoy esperando,

se fue de rave en la noche…

Y yo aquí,.. considerando.

Tendría ganas de salir

del aburrido Helicón.

Apareció al día siguiente…

Me hablaba de un botellón….

Yo que no soy de ordenar

ni a mí par de zapatos.

La comprendí, que iba a hacer.

Brindé por sus buenos ratos.

 

La segunda en confianza,

me dijo que no era feo.

Deposité mi esperanza….

Cayó en brazos de Morfeo…

Y se me quedó dormida.!!!

Yo comprendí de inmediato….

Ella era pluriempleada….

Trabajaría sin contrato…

Que iba a hacer..si era tan bella.

Ante mis ojos, durmiente

Sólo la pude admirar.

Se despertó al día siguiente.

 

La tercera, ante mis ojos

era como una Sibila.

Una diosa soberana.

Enamoró mi pupila.

Yo como un niño caí

ante su pelo y su risa.

Ella comprendió el detalle

se marchó sin tener prisa.

 

La cuarta, era otra musa,

venia buscando un artista.

Me embeleso, no lo dudo.

Se fue con un accionista.

 

Yo le agradecí al Olimpo

la suerte que había tenido.

Me enviaron cuatro musas,

sin acuse de recibo.

 

Para mí próxima empresa.

Tal vez, versos del olvido….

Ya estoy en lista de espera.

Cinco me han prometido.

Abelardo Grande