Décimas del fin del mundo
Al borde del fin del mundo
el corazón se consuela,
allí donde el ama vuela
y el sentimiento es profundo.
Busca, huyendo de lo inmundo
un ser que llamen humano.
Tal vez su aspecto mundano
no perjudique la esencia
y aplicando la paciencia
se transforme en ciudadano.
No hace falta que sea sabio
ni a su tiempo adelantado.
Con que no esté encabronado
y sonría francamente
Si mantiene alta la frente
tiene mucho por ganado.
Porque aquí, visto lo visto
en este mundo ruin
puede que cercano al fin.
No conviene darse el pisto.
Pues salvo algún imprevisto
que no cuadre en nuestras cuentas
Los dioses de las tormentas
se imponen al optimismo.
Perdónenme que disienta
pero en tiempos complicados
Es conveniente, por tanto
tener armonioso el canto
los tonos bien afinados
los acordes preparados.
Y el paso bien decidido.
Hay que enseñarle al olvido
la palabra humanidad
para que nadie en verdad
lamente el haber nacido.
Abelardo Grande
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