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Deportividad

 

En la vida hay mil maneras

de demostrar el talento.

A base de repetirlo

quien hace un cesto hace ciento.

El esfuerzo y la constancia,

no exenta de sacrificio,

forjan los grandes maestros,

en cualquier tarea y oficio.

Me centraré en el deporte.

Una manera de ser.

Me admiran los deportistas

populares. Hay que ver

cómo se adaptan al tiempo.

Madrugan, si es menester,

a horas intempestivas,

Para, entrenando crecer

y rebajar esas marcas,

personales, por demás,

muy lejos de las mejores.

Por simple afición, sin más.

Por bienestar y salud,

por paz y tranquilidad.

Por dormir mejor de noche.

Por pura frivolidad.

En fin. Es la vida sana,

la que elimina toxinas,

que lleva a vivir cien años.

Como robles, como encinas.

Me asombra ver a los niños,

siguiendo el mismo camino,

de esa élite de héroes

con aire casi divino.

Compiten cada domingo,

en pos de un solo objetivo,

ganar, ganar y ganar.

Será el único motivo?

Cuando el deporte es un juego,

la nobleza del partido,

no está en el resultado.

Está en haber conseguido

que el equipo de buen grado,

disfrute con los amigos.

Sea cual sea el desenlace.

En limpia competición.

Que buena falta les hace

a los chicos de hoy en día

que se asoman a la vida.

Que la victoria es el juego.

El triunfo está en la partida,

en la amistad y el apego,

en el entreno y la risa

que se genera en la infancia

al ir cosechando amigos.

Cuando se ve en la distancia

y se recuerdan los tiempos.

Aquellas reminiscencias,

con los rivales de entonces.

Vistos desde la inocencia.

Hoy son amigos, hermanos

que acompañan la existencia.

Vecinos y camaradas

que nutren nuestra experiencia.

 

 

A los padres de los críos,

que ejerzan de aficionados,

que animen a los chavales.

Alegres, siempre educados.

Ejemplares y sencillos.

Transmitiendo la armonía,

desde la grada a la pista.

Con respeto, con maestría.

Que un niño no es más que un niño.

Que para ir por la vida

aprende de sus mayores.

Háganse la entretenida.

Abelardo Grande