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UN GARBEO POR MADRID

Viví un “de Madrid al cielo”…
Nadie era forastero.
Ciudad abierta hacia el mundo.
No había que llevar llavero.

Madrid de puertas abiertas,
familiar y de acogida.
De rastro y de vecindario
que se buscaba la vida.

Ribera de Curtidores,
Puerta del Sol, cero millas.
Café Gijón de las letras,
verbenas en las Vistillas.

Madrid castizo, entregado
a la calle y sus corralas.
Todos pendientes de todos,
lucia sus mejores galas.

Era el barrio en humildades,
dueño y señor, reservado,
modesto, respetuoso.
Solidario y entregado.

Madrid de tiendas sencillas,
tiendas de toda la vida.
Hoy ya no quedan vecinos.
Todos buscaron salida.

Porque al dolor de estas calles
le entró la fiebre del oro
y cambio por los turistas
la paz y vida del foro.

Abelardo Grande