Cielo Low Cost
Uyyyy, qué trasiego hay aquí.
—No sabía yo que en los pasillos celestiales se acumulaban tantas camas; me recuerda a mis momentos terrenales en la Seguridad Social. Yo pensaba que el cielo sería todo paz, gloria y angelitos… pero aquí hay un trasiego…
No recuerdo si pagué impuestos en la tierra para el más allá. Seguro que sí. Y que aquí alguien también trinka, fijo.
Esto está montado como el campamento de un festival musical de adolescentes… aquí encajan camas como si fueran tiendas.
No veo ningún radiador… ayyy, si los muertos no tenemos frío. Pero desde luego esto no está nada bien acondicionado.
Mientras espero en esa larga y blanquecina sala para los prolegómenos y contratos del juicio final, miro a los lados y veo, con sorpresa y estupor, un montón de almas todavía tumbadas en sus camas…
Joer, los que hemos caído hoy.
Nada, a esperar toca.
Buenooooo, vaya despelote que tienen aquí. Buf, eso sí que no me lo esperaba yo.
Pero si andan todos en cueros, como si esto fuera un party ibicenco.
Hombre, hay algunos que están mazaos y lucen un buen cuerpo… pero hay otros que dan ganas de ponerles un pareo.
Ese tiene el colgajo muy descolorido. ¿No se podrá tapar un poco? Ofende.
A ver si se le cae y me da en “to” los morros, por hablar.
Uyyyyyy, esa que está en la esquina… entra toda cohibida.
Viene de hacerse una liposucción, seguro: vaya cicatrices que le han dejao.
Parecen las grietas de la Capilla Sixtina… ¡qué mal la han tuneado!
¿Y con qué pagarán aquí?
Y este… el querubín… ¿de qué va? No para de dar vueltas, parece un moscardón. ¡Qué pesao!
Para ya, hombre, que dolor de cabeza me estás levantando.
Umm… ¿a los muertos les duele la cabeza?
¿Dónde está mi móvil, coño?
Que tengo que preguntárselo a la IA.
Me lo han incautado.
Madreeeee, qué régimen carcelario.
Quiero mi movillllll.
Ni puto caso.
Veo a un hombre desmelenao y grande, con alpargatas y pinta de hippy.
Asumo que es Dios por esas barbas tan largas, claro… como lleva tanto tiempo metido aquí.
Guapo, guapo no es. ¡Qué desilusión!
Esto sí que es carnaza para contar a las amigas… pero no lo puedo filtrar.
Qué rabia me da. Cuántos likes tendría esto. Trending topic. Wowww.
A ver si hablo con él, que llevo mucho tiempo esperando que me reciba.
No hay derecho, hombre, que hasta en el cielo haya colas tan largas.
—Señora Blázquez… señora Blázquez, ¿me escucha?
Asiento.
—El efecto de la anestesia ya ha pasado. Todo ha salido bien.
Pasa usted a planta.
Mientras unos enfermeros maniobraban la cama articulada, descubro el fresco del techo de ese palacete del siglo XVIII convertido en clínica.
Sonrío. Esas escenas me habían tenido muy ocupada.
Era la anestesia, jugando con mis aturdidas neuronas.
Celia Blázquez
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