El gran prólogo de una tarde para la historia

La unión de la afición de la UDSM marcó una previa multitudinaria en la que Santa Marta volvió a demostrar la pasión por su equipo

REDACCION. SANTA MARTA DE TORMES 18 de mayo de 2026

Horas antes de que el balón comenzara a rodar en el Alfonso San Casto, Santa Marta ya había empezado a disputar su partido. Lo hacía en los alrededores del San Casto, en una plaza Tierno Galván convertida desde primera hora de la tarde en el punto de encuentro de un pueblo entero. Allí, centenares de vecinos fueron dando forma a una imagen difícil de olvidar para una afición latiendo al unísono, abrazada a una ilusión compartida y orgullosa de sentirse representada por una Unión Deportiva Santa Marta que se asomaba a una de las citas más importantes de su historia reciente.

Poco a poco, el paseo de Tierno Galván se transformó en una inmensa marea roja. Apenas había un aficionado que no vistiera la camiseta del club. Familias enteras, grupos de amigos, niños, jóvenes y veteranos fueron ocupando cada rincón en una previa cargada de emoción contenida, conversaciones de fútbol y nervios imposibles de disimular. La Rivera rebosaba ambiente mientras el reloj avanzaba lentamente hacia la gran cita y el municipio entero parecía respirar un mismo sentimiento.

A la celebración tampoco quisieron faltar distintos representantes municipales, entre ellos los concejales Soraya Sánchez, Mari Cruz Gacho, Norberto Flores, Juan Carlos Bueno y Juan José Santos, que compartieron una jornada marcada por el ambiente festivo.

Los más pequeños disfrutaban entre hinchables y actividades mientras, alrededor, las bufandas rojiblancas comenzaban a agitarse sobre las cabezas. Cada conversación terminaba inevitablemente hablando del partido. Cada mirada buscaba la hora. Cada aplauso sonaba distinto, como si Santa Marta intuyera que estaba viviendo una de esas tardes destinadas a quedarse para siempre en la memoria de un pueblo.

Bar La Rivera

Y en medio de aquel ambiente apareció uno de los grandes nombres propios de la jornada: Jacobo y el Bar La Rivera. Mucho antes del inicio del encuentro, las enormes paelleras comenzaron a convertirse en el verdadero corazón de la Fan Zone. El popular establecimiento fue el encargado de elaborar y patrocinar una multitudinaria paella para 750 aficionados, un gesto que trascendió lo gastronómico para convertirse en símbolo de unión, cercanía y compromiso con el pueblo y con su equipo.

El aroma que se elevaba desde las paelleras fue reuniendo alrededor de la mesa improvisada a generaciones enteras de aficionados compartiendo conversación, comida y sentimiento rojiblanco bajo una misma ilusión.

La música de DJ JKuankar terminó de elevar la temperatura emocional de una Fan Zone que fue creciendo en intensidad conforme se acercaba la hora del partido. La plaza Tierno Galván acabó convertida en un refugio de emociones donde convivían los recuerdos de los más veteranos con los sueños de quienes empezaban a descubrir lo que significa sentir unos colores.

Una hora antes del encuentro llegó otra de las imágenes imborrables de la tarde. Los jugadores de la Unión Deportiva Santa Marta desfilaron hacia el estadio entre un pasillo humano de aficionados, bajo banderas rojiblancas y cánticos de ánimo que acompañaron al equipo hasta las puertas del Alfonso San Casto.

Después llegó el fútbol. Y llegó también un empate que supo a victoria. El 1-1 final desató una celebración que se prolongó más allá de la medianoche en la plaza Tierno Galván. Porque lo vivido este sábado ya no pertenece únicamente al deporte, sino al recuerdo de un pueblo orgulloso de sí mismo, de su equipo y de una comunión colectiva que convirtió Santa Marta en mucho más que el escenario de un partido de fútbol.