Hay tradiciones que no entienden de prisa ni de modernidad, que se mantienen vivas porque forman parte de la memoria colectiva de los pueblos. En Santa Marta, esa esencia volverá a respirarse este domingo 22 de marzo con la celebración de la Fiesta de la Matanza, una jornada que conecta pasado y presente en un entorno privilegiado como la Isla del Soto.
Será la segunda edición en la localidad santamartina, que además pondrá el broche final al VIII Circuito de Matanzas Tradicionales impulsado por la Diputación de Salamanca, una iniciativa que ha recorrido este año 87 municipios llevando consigo el sabor y la identidad del mundo rural.
Desde primera hora de la mañana, el ritual comenzará a tomar forma. A las 10:30 horas llegará el marrano, símbolo de una tradición que durante generaciones marcó el calendario de las familias. Poco después, a las 11:00 horas, las Águedas ofrecerán una degustación de perrunillas, aguardiente y vino dulce, en un gesto que mezcla hospitalidad y costumbre.
La mañana continuará con el nombramiento del matancero de honor y uno de los momentos más representativos de la jornada, el chamuscado y despiece del cerdo, acompañado de la explicación de cada una de sus partes, una auténtica lección viva de cultura popular.
Ya entrado el mediodía, el trabajo dará paso al sabor. A las 13:30 horas tendrá lugar la picada de carne y la elaboración de chorizos, antesala de la esperada degustación final. A partir de las 14:30 horas, vecinos y visitantes podrán disfrutar de chichas y patatas meneadas, en una comida popular que, previo ticket, reunirá a todos en torno a la mesa, como se ha hecho siempre.
Pero más allá de los horarios y las actividades, la Fiesta de la Matanza es una celebración de lo que permanece. De los gestos heredados, de los sabores que cuentan historias y de la capacidad de un pueblo para reencontrarse con sus raíces, y en Santa Marta, la tradición no es un recuerdo, es una experiencia compartida que vuelve a latir con fuerza junto al Tormes.
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