De trazo breve y emociones eternas

La vida a gotas

 

Hoy me vuelve a tocar quimio. Los días de quimio siempre son desesperantes, aunque después de tantas sesiones, suelo coincidir con algunos rostros que me son familiares. Y nos reconocemos, y nos sonreímos… y hasta nos parecemos. O eso queremos pensar los allí congregados. Somos como un pequeño ejército de almas anhelantes, compañeros de butaca en ese cine maldito donde se proyecta, por sesiones y durante varias semanas, la película de nuestra vida. Pero no comemos palomitas, ni tomamos bebidas burbujeantes, no. Lo nuestro son infusiones intravenosas para ahuyentar el mal.  A veces hacemos bromas con los tocados de tela que llevamos puestos, unos más coloridos que otros. En la sesión anterior, cuando iba a empezar la película, la enfermera me dijo: “Esto es suero de amor“. Para un adolescente enfermo es una palabra que puede significarlo todo, casi tanto como la palabra esperanza. Yo la miré sonriendo sin creerme nada, hasta que desde el gotero comenzó a liberarse el líquido. Desconozco si fue ella, su imagen de ángel blanco, la forma en la que movió sus labios para modular las palabras o quizá simplemente que era la portadora del elixir elegido para reducir mi temor y a su vez mi tumor. Curiosas palabras, suenan casi igual, pero temor significa miedo y tumor significa hinchazón. Ambas provienen del latín, me dijo una vez mi médico, aunque tumor no tiene raíz griega como la palabra cáncer. La verdad es que me da igual la raíz que tengan, yo tengo mucho temor y además un tumor cancerígeno. Mientras mis pensamientos se enredaban en esas disquisiciones, lo sentí, recorriéndome el cuerpo. La enfermera ajustó el catéter mientras me miraba a los ojos y de pronto lo entendí. Era amor de verdad. “Te lo dije, y no -suero-equivocarme” me espetó.

 

José Luis Logar