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DE “PRIMARIA” DIVISIÓN

 

Relacionado con el artículo anterior, llevamos aproximadamente dos décadas intentando instalar un sistema educativo exitoso que rompa con el pasado; razonablemente, que se adecúe a los nuevos tiempos, se acomode a nuevas herramientas y tecnología, al despliegue de derechos (los reglamentarios y los extras) y a la reducción de obligaciones, a los cambios y circunstancias hacia los que ha evolucionado la sociedad, el entorno  y una vida familiar de múltiple diseño , con particulares situaciones como eje condicionante que abarcan desde lo emocional a lo económico y laboral, a su estabilización o su desestabilización  y autorizando un manoseo político que todo adultera según intereses ideológicos del gobierno de turno que busca el moldeado de cantera para obtener resultados favorables en futuras urnas y así alcanzar poder, ganar su continuidad en cargo o mantenimiento.

 

En medio de esta vorágine, que coquetea con el desquicio a ritmo endiablado, se encuentra el niño, hijo o alumno esperando su proceso de formación, siembra, aprendizaje y desarrollo; exento de cualquier culpa y el menos evolucionado… porque, como tales ¿realmente qué diferencia hay entre el niño pretérito de antigua escuela con el moderno actual? ¿acaso no es la misma materia prima lista para elaborar?: ¡El contexto! Sí, pero también la diferencia de “noes” recibidos y el poder invisible puesto a su disposición. Contexto paradójicamente fabricado por los mayores y esas generaciones de padres y madres, profesores y políticos que fueron los niños y niñas de entonces, pero que casi sin darse cuenta y por inercia, sin oponer resistencia, se han visto desbordados y sometidos al momento en curso e intereses correspondientes y reinantes, incluyendo la atención y cubrimiento de necesidades que obligan a priorizar.

 

Por otra parte, los contenidos, currículos, saberes y aprendizajes, aunque puedan verse ampliados, no han ganado en complejidad ni han sufrido un cambio brutal que penalice; todo lo contrario, con eficaz metodología, deberían resultar más asequibles y verse favorecidos en agilidad en cuanto a la adquisición de su conocimiento a través de las posibilidades que ofrecen los recursos actuales. En absoluto pongo en duda que queramos lo mejor para nuestros niños en el formato que nos toquen en responsabilidad; ni tan siquiera pretendo señalar culpables, lo importante son las soluciones; y huelga decir que hay excepciones, que ni a todos afecta de la misma forma, ni todos se expresan en ello de igual manera. Cada cual es como es y como fijan sus circunstancias para que sea; si bien, en común se comparte la dificultad de decidir y resolver precisamente qué es lo mejor para ellos y sus futuros una vez dejado de ser niño.

 

A nivel social y educativo, mejor o peor, la oferta es la misma para todos y como las preocupaciones y la formación comparten nombre, como lo comparten los miedos y temores en torno a ellos. En mi opinión, y más allá de capacidades individuales, la ventaja o desventaja y las diferencias entre unos y otros en su exposición vienen marcadas por cómo se gestione y decida desde el núcleo o entraña familiar en “el picado de piedra” o trabajo diario; no en el titular, que será el mismo. En cuanto a sistema, quizás habría que hacer una reflexión o un estudio de prospección (explorar posibilidades futuras basadas en indicios presentes), no digo que deberíamos  volver al pasado, ¡qué va!, pero por tener su referencia y resultados relativamente frescos, quizás estemos desaprovechando la oportunidad de encontrar un equilibrio entre el ayer y el hoy que ofrezca mayores garantías, tomando lo bueno de entonces, desechando todo lo que intoxique,  y acuñarlo para cultivo al momento de ahora.

 

Porque para cuando los niños actuales sean los hombres del mañana y les toque ser los mayores, esas referencias “yacerán en Atapuerca” y el modelo plagado de grietas sobre el que maniobrará y guiará su conducta, actos y decisiones en su transmisión será el que a día de hoy le ha tocado en suerte; o mejor dicho, despejando el azar, el que se ha hecho que le toque. Más allá del momento social, que por supuesto, ¿Cómo es posible que un niño de antes sin tener nada de lo que le sobra a uno de ahora, suponiendo misma preocupación y responsabilidad, tuviera y creara menos problemas?. Gabinetes de orientación y psicólogos infantiles no dan abasto. A mi juicio, la etapa de primaria, que comprende de los 6 a los 12 años, es crucial y determinante en el desarrollo de aprendizaje del niño como base y como potenciación de sus habilidades sociales. Ahora mismo el sistema la está debilitando; la exigencia y disciplina están bajo mínimos, se parte de que hay atajos al esfuerzo y el valor del respeto es vulnerable y opcional; un bilingüismo titubeante, una implantación tecnológica que  de panacea ha pasado a crear dudas y asoma a vértigo con una inteligencia artificial que puede ser tan espectacular como devastadora para según qué cosas y uso; pretensiones de calado respecto a la igualdad y agenda medioambiental, y rechazo religioso; la promoción “low cost” de un curso a otro, la repetición es excepcional y atenta hacia su persona, no se debe atosigar con deberes, hay que evaluar  de forma ambigua por competencias; hay que evitarles situaciones que se han impuesto como traumatizantes, con un baremo en que lo puede ser hasta  la palabra “examen” que ha mutado a situación de aprendizaje o, según delirio woke , alcanzar agresividad si se corrige o expresa una calificación en color rojo…así en tantos valores y registros que, sobre todo, les debilita.

 

 

De esta forma se llega a la adolescencia, obligatoria y con cinco años de duración, donde el niño experimenta una transformación. Coincide con la ESO y el chico que ha ido mal en Primaria, víctima de una mala base, empeorará más si cabe su rendimiento; también podrá suceder  a los que les ha ido bien, pero no les pasará la misma factura porque en el declive de esa etapa de grandes cambios a nivel personal vuelven a valorar la importancia de un estudio y formación al que se le van abriendo nuevos itinerarios y expectativas , que pueden encauzar su porvenir una vez finaliza la enseñanza obligatoria, y la buena base que acumularon  emergerá y les permitirá seguir en “ la pelea”. También experimentarán lo mismo los primeros, pero esa base de “barbecho” les restará posibilidades y muchos serán “arrojados” directamente a una nueva etapa de vida donde el sistema educativo ya no tendrá nada que ver, ni dará juego (si acaso como oportunidad perdida), deja de ser caramelo  y donde ni siquiera le vas a pedir responsabilidad alguna porque tienes que centrar tus fuerzas en las preocupaciones que aporrean la puerta, exigiendo una exigencia definitiva para el resto de existencia, que dejará no pocos damnificados cuyos traumas allá se las apañen. Algo estamos haciendo mal y no es lo peor, lo preocupante es que se pueda estar haciendo mal porque así pueda interesar a quien maneja o mueve estos hilos. ¿Pesimista? ¡No! … optimista decepcionado.

 

Cristino