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ESTATUA DE BANKSY EN LONDRES


Ha brotado un pedestal
de la noche a la mañana,
en una plaza de Londres,
cual nace una flor temprana.

Es un señor que camina
decidido, hacia adelante,
ciego por una bandera,
a paso determinante.

Sin duda, tiene muy claro
su singladura y destino.
Paso firme y decidido.
¿Será el final del camino?

Podría ser el estandarte
lo que le oculte la senda,
lo que le tape los ojos
como si fuera una venda.
Algo le llama al abismo,
convocado noblemente
a morir como se vive,
despeñado inútilmente.

Camina a paso marcial
ante un mundo que le ignora.
Solo, en mitad de la tierra,
entre el ayer y el ahora.

¿Será un reproche a las patrias
envueltas en sus pendones?
¿Un alegato incendiario
por falta de vocaciones

de ciudadanos mediocres,
que transitan por el mundo
sin pasión ni voluntad…
como pasa un vagabundo?

Una vez más ha llegado
el tal Banksy al corazón.
Hace pensar o provoca
el sueño de la razón.

Cada cual que lo comprenda
como Dios le dé a entender…
O una bandera que tapa,
trapo que no deja ver.

O una bandera que falta
ante el pueblo abandonado.
Sin un líder decidido,
timonel iluminado…

Cierto es que, con el viento,
lleva cubiertos los ojos
por un trocito de tela
que le postrará de hinojos.

Una estatua para un pueblo
que ama y lucha a la vez,
esforzándose, afanoso,
por llegar a fin de mes.

Abelardo Grande