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Décimas del otoño.

 

Ha pasado el mes de agosto,

ya huele a fin de verano.

Va llegando de la mano,

por un callejón angosto.

Un curso más a su costo.

El regreso a la rutina,

al taller o a la oficina.

A narrar nuestra aventura,

quedaremos a la altura.

Costó un ojo y su retina.

 

Vuelve la normalidad.

Septiembre trae en su bolsillo

el monótono estribillo

del reloj que sin piedad,

nos despierta con frialdad,

y nos pone en el camino.

No hay que ser adivino

para poder observar,

que el humano al trabajar

va forjando su destino.

 

Tengo ya curiosidad

por saber que va a pasar,

y donde irán a parar,

con tanta publicidad

el fiscal y su lealtad

Doña Madrid y su novio.

Puede resultarnos obvio,

que el ciudadano en su casa

pueda decir. Vaya brasa!!!

entre el tedio y el agobio.

 

Se va el verano incendiario

Viene un otoño caliente,

misterioso y contingente.

Un otoño de Juzgados.

De inocentes a acusados.

Como el juego de la oca.

Y tiro porque me toca,

Y paso de puente a puente,

que me lleva la corriente.

Se me hace agua la boca.

Abelardo Grande